jueves, 4 de enero de 2018

Los “Traidores” Espacios Confinados



La noche del 5 de noviembre, en muchos lugares del Reino Unido y algunos países de la Commonwealth, se celebra la Bonfire Night, con hogueras y fuegos artificiales. Hace muchos años, desde mediados del siglo XIX, que esa fecha no es oficialmente fiesta, pero la tradición sigue, aunque muchos hayan olvidado el origen de la misma y se haya desprendido de su espíritu original, fervorosamente anti-católico.

La Bonfire Night, también llamada Guy Fawkes Night o simplemente Guy Night, tiene su origen en el fracaso de la Conspiración de la Pólvora, un complot para asesinar al rey protestante Jacobo I y su mujer, que fracasó cuando, el 5 de noviembre de 1605, el propio Fawkes fue descubierto en los sótanos del Palacio de Westminster, bajo la Cámara de los Lores, con los barriles de pólvora que los conspiradores habían acumulado en aquel lugar para volar el edificio al día siguiente, coincidiendo con la visita del rey.

Guy Fawkes, el más conocido de los conspiradores, convertido al catolicismo en su juventud y que había luchado, enrolado en los Tercios Españoles, durante las Guerras de Flandes, es desde entonces el arquetipo de traidor en la cultura inglesa. Fue torturado y condenado a ser ahorcado, decapitado y descuartizado y a que sus restos, llevados a las cuatro esquinas del reino, fueran exhibidos para servir de alimento a las aves carroñeras y de ejemplo del destino que esperaba a los traidores.

Desde aquello, cada noche del 5 de noviembre, declarada oficialmente festiva como acción de gracias por la salvación del rey, se asentó la costumbre de lanzar fuegos artificiales, encender hogueras y quemar a Guy Fawkes en efigie, de modo que, aquellos muñecos, pasaron a denominarse implemente guys y la palabra ha terminado siendo utilizada coloquialmente, especialmente en plural, para decir amigos, compañeros, chicos, sinónimo de fellows, bros, dudes, chaps….

También se hizo popular la costumbre de que los niños recorrieran las casas, llamando a las puertas para pedir dinero, para gastarlo en los fuegos artificiales, en pólvora, al fin y al cabo, ataviados con la característica máscara de Guy Fawkes. La costumbre, y la propia máscara, habían caído en desuso, superadas por la popularización de Halloween, pero, a raíz de su uso en el cómic de tendencia anarquista de los años 80 “V de Vendetta” y la adaptación de éste al cine en 2005,  se ha popularizado como símbolo de grupos activistas antisistema.

De hecho, la película termina con (¡¡Aviso, SPOILER!!) una trepidante escena  en la que la pólvora hace explosionar el Palacio de Westminster, Big Ben incluido, mientras suena el final de la Obertura 1812 de Tchaikovsky, reivindicando a los “traidores” para convertirlos en “rebeldes”.

Y, ¿por qué les contaba yo todo esto?... ah, sí… era por la palabra “traidor” aunque, en realidad, por la tercera acepción del diccionario, la que dice:

3. adj. Que implica o denota traición o falsía.

Y porque yo siempre he identificado el riesgo asociado a los “espacios confinados” con la traición.

La NTP 223 define “espacio confinado” como “cualquier espacio con aberturas limitadas de entrada y salida y ventilación natural desfavorable, en el que pueden acumularse contaminantes tóxicos o inflamables, o tener una atmósfera deficiente en oxígeno, y que no está concebido para una ocupación continuada por parte del trabajador.”

Se trata de un riesgo muy habitual, demasiado habitual de hecho, en la industria y la construcción, que se materializa en pozos, fosas sépticas, alcantarillas, tanques de almacenamiento, cisternas de transporte y un largo etcétera,  a los que hay que acceder por mantenimiento, limpieza o cualquier otra labor.

Siempre me ha parecido un “riesgo traidor” porque es difícil percibirlo. Las personas tienen el instinto natural y se ponen en guardia ante riesgos más evidentes, como la altura, o el fuego… o incluso menos primigenios como la tensión eléctrica, sin embargo, el acceso a espacios confinados no se percibe instintivamente como un riesgo. Es más, desde la infancia tendemos a identificar los espacios cerrados como refugio y protección.

Es por ello que, periódicamente y por desgracia, llegan a los medios de comunicación noticias de dos o más personas afectadas, incluso muertas, en un accidente laboral, producido por un espacio confinado, en los que un primer trabajador accede a un espacio de este tipo sin las adecuadas precauciones y, en el intento de salvarlos rápidamente, se exponen al riesgo sus propios compañeros.

El aire que habitualmente respiramos, contiene un 21% de oxígeno. Por debajo del 18% comienzan problemas de coordinación y se acelera el pulso, si bien, los síntomas no se advierten fácilmente y no son de fiar, excepto para personas preparadas. La mayoría son incapaces de reconocer el peligro hasta que ya están demasiado débiles para escapar por sí mismas.

Por debajo del 17% se produce con inusitada rapidez la pérdida de conciencia. Por debajo del 16%, el desmayo tarda menos de un minuto. Por debajo del 10%, la pérdida de conciencia es casi inmediata, las secuelas de la hipoxia en el cerebro pueden ser muy graves y se tarda en morir entre 6 y 8 minutos.

Además de la ausencia de oxígeno, en un espacio escasamente ventilado pueden acumularse gases tóxicos, gases como CO2 y metano, o incluso nitrógeno, que desplacen el oxígeno, elementos generadores de atmósferas explosivas y, todo ello, pueden estar presente antes de comenzar el trabajo o acumularse durante el desarrollo del mismo.

Para prevenir este riesgo, es necesario implantar un sistema de permisos de trabajo, acompañado de intensa formación e información, mediante el que nos aseguremos que se identifiquen rápidamente y nadie acceda a un espacio confinado sin el conocimiento previo de la estructura de prevención de la empresa y sin haber realizado todas las comprobaciones necesarias y tomado todas las medidas de prevención.

Entre éstas, estarán las mediciones previas y simultaneas a los trabajos de oxigeno o de gases peligrosos, según proceda. La instalación de ventilación forzada de carácter colectivo, el uso de EPIs de respiración individuales, la vigilancia externa continuada mediante la presencia del llamado “recurso preventivo” o el diseño y utilización de arneses, cuerdas y sistemas de sujeción óptimos para poder evacuar a una persona inconsciente por la apertura de acceso disponible, entre otras muchas posibilidades.

Contrariamente a lo que ha sucedido con Guy Fawkes, la traición que esconden los espacios confinados nunca se va reivindicar. Ser “rebelde” a las medidas de seguridad nunca es conveniente, pero, en el caso de los espacios confinados, dejarse embaucar en su traición puede llevarnos al desastre… a nosotros y a nuestros compañeros que intenten salvarnos. Piénselo.

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1 comentario:

Antonio Escudero Uriarte dijo...

Hola Luis:
Con respecto a este tema tan interesante e importante, recuerdo que había unas guías de bolsillo llamadas "The Unseen Menace" que trataban sobre las atmósferas peligrosas de los espacios confinados.
Habían sido preparadas por los fabricantes de equipos de medición de gases(BACHARACH,entre otros), eran muy prácticas y didácticas y las utilizamos para mejorar la formación de los operarios involucrados en los trabajos de los espacios confinados.
Quizá alguno de nuestros colegas,tenga alguna de estas estupendas guías y la pueda compartir.Merecería la pena.
En nuestra Corporación tuvimos que lidiar, además de con los asfixiantes físicos simples, con los asfixiantes químicos,que tienen la propiedad de bloquear la función oxifórica de la sangre ( CO,H2S,NCN,CS2 ).
Aprendimos muchas lecciones y tuvimos serios incidentes.
Recuerdo uno en concreto en el que la simple operación de apertura de un espacio confinado, que contenía un asfixiante químico presurizado, causó serias molestias al personal de las proximidades, a pesar de encontrarse al aire libre.
Los entrenamientos del personal son de vital importancia; los errores a menudo se pagan muy caros.
Saludos.