martes, 10 de marzo de 2009

Apiretal de refinería...


Fotografía por cortesía de mi hija Paula cuando tenía 6 días de vida.

Hace ya tiempo que me he dado cuenta de que la sociedad occidental se divide en dos grupos: aquellos que conocen la palabra “Apiretal” y aquellos que no. Los primeros, además de conocer esa palabra misteriosa, junto con otros arcanos como Dalsy, percentil o calostro, se caracterizan por tener abundantes ojeras y sonrisa bobalicona cuando se habla de determinados temas. Todos estos síntomas llevan a un sólo diagnóstico: el primer grupo tiene hijos pequeños, y la mayoría de ellos, no sólo conocen el Apiretal, la mayoría de ellos lo tienen colocado en un pequeño altar ante el que se postran con regularidad astral.

Pero es curioso que nunca se han preguntado de dónde sale, qué era el Apiretal antes de ser un milagro.... es decir: ¿cómo se hacen los milagros?, al menos los milagros líquidos de color rojo metidos en una pequeña botella con cuenta gotas.

Cuando se habla y se escribe sobre la importancia de contar en nuestra sociedad con refinerías de petróleo, no todo el mundo sabe que tanto el gasóleo como la gasolina se obtienen precisamente en las refinerías. Menos aún conoce la gente que es en estas mismas refinerías donde se producen los gases propano y butano de uso doméstico tan generalizado y, desde luego, son minoría los que saben que los derivados del petróleo van mucho más allá y que, si desapareciera esta actividad, su sustitución resultaría prácticamente imposible.

Tal es el caso, por ejemplo, de las naftas de refinería, de las que se fabrica el benceno, uno de los productos químicos orgánicos con más aplicaciones. Aunque el propio crudo tiene ya una pequeña parte de benceno, en un proceso de reformado catalítico, la mezcla de hidrocarburos con punto de ebullición entre 60º y 200º (las naftas) se mezcla con hidrógeno gas y se expone a dos catalizadores combinados de platino y rodio a unos 500º C grados y una presión elevada. En esas condiciones, los hidrocarburos alifáticos presentes en las naftas, forman anillos y pierden hidrógeno, convirtiéndose en hidrocarburos aromáticos, familia a la que pertenece el benceno. Los distintos productos de la reacción son sacados por extracción y posteriormente separados entre ellos por destilación. Uno de esos productos es el benceno. Pues bien, el benceno es uno de los productos químicos orgánicos con más aplicaciones. Por ejemplo, para fabricar fenol, otra sustancia con infinidad de usos industriales.

El fenol de mayor pureza y calidad se combina con ácido sulfúrico y ácido nítrico para “nitrarlo”y una vez separados los isómeros mediante un procesos de destilación, se obtiene una nueva molécula llamada 4-nitrofenol, el cual se reduce en presencia de borohidruro de sodio, para producir un nuevo cambio molecular y generar: 4-aminofenol. Este aminofenol es acetilado en presencia del anhídrido acético, obteniéndose así el N-(4-Hidroxifenil)-acetamida o... paracetamol.

Todo este galimatías, que sólo los químicos y los farmacéuticos entienden, se resume en que las naftas procedentes de la refinería, convenientemente transformadas por la industria química y farmacéutica, nos las tomamos en forma de pastilla contra la fiebre y el dolor de cabeza.

Esa identificación es difícil de imaginar. Su aspecto, su función, presentación, color, olor, estado... todo es diferente. La química parece milagrosa, pero no lo es. La química no puede crear nada sin un punto de partida --“la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma”-- y los átomos de carbono, colocados en forma de anillo del Termalgin, del Gelocatil o del Apiretal, también tienen su origen en la refinería.

Parece un milagro, sí, pero en realidad es sólo ciencia.

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