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miércoles, 28 de diciembre de 2011

Los subproductos y la Ley 22/2011 de residuos (II)


El pasado 23 de noviembre, en el marco del acuerdo de colaboración con la Asociación para el Progreso de la Dirección (APD), AVEQ-KIMIKA participó en la sesión de foro medioambiental dedicada, específicamente a detallar las novedades que plantea la Ley 22/2011, aprobada el pasado mes de julio, y que viene a trasponer la Directiva 2008/98, conocida como Directiva Marco de Residuos.

La conclusión principal de aquella sesión fue que la Ley tiene todavía que ser desarrollada por una norma reglamentaria (el reglamento actualmente en vigor data de 1988) y carece de la concreción necesaria para extraer conclusiones definitivas aunque sí adelanta tendencias y cuestiones que deberán marcar el devenir del tráfico de residuos en los próximos años.

Hay muchas cuestiones interesantes en la norma que van a dar mucho que hablar en los próximos meses, pero hay un concepto que hemos venido persiguiendo en AVEQ-KIMIKA desde hace ya mucho años y que, por fin,  ha visto la luz.

La Ley recoge el término “subproducto”, concepto jurídico presente en el tráfico real de la industria desde los inicios de la revolución industrial pero que la normativa no había tenido la sensibilidad de regular.

Sin embargo, desde la publicación de la Ley han surgido opiniones tendentes a mantener el concepto reducido a una extrañeza, a una alteración del devenir natural de las cosas, que el artículo 4 de la Ley acentúa pareciendo requerir una orden ministerial expresa para declarar que una sustancia u objeto resultante de un proceso, que no es el objeto principal por el que ese proceso se lleva a cabo, que va a ser usado ulteriormente, que se puede utilizar sin tener que someterse a una transformación ulterior distinta de la práctica industrial habitual y que el uso ulterior cumple todos los requisitos pertinentes relativos a los productos, en este último criterio, básicamente los requisitos del Reglamento REACH.

Esta necesidad de órdenes ministeriales específicas para cada “sustancia u objeto” resulta absurda en nuevas corrientes que dejen de ser reguladas por la normativa de residuos y pasen a serlo por el REACH pero, en el caso de subproductos existentes, su aplicación es imposible.

Cito los subproductos existentes porque si es necesario un acto reglamentario de tanta envergadura como una orden ministerial por cada corriente de residuos que dejen de serlo… supongo que será necesaria también la regulación de los subproductos existentes. En este aspecto se ha llegado a señalar como ejemplo el Reglamento333/2011 por el que se establecen criterios para determinar cuándo determinados tipos de chatarra dejan de ser residuos con arreglo a la Directiva 2008/98/CE, pieza jurídica sobre la que tengo una opinión muy negativa pero de la que ya hablaremos en otra ocasión.

Si las refinerías comenzaran mañana (y no hace años como lo hicieron) a desulfurar los combustibles, convirtiéndose en una fuente abundante y barata de azufre para la producción de sulfúrico, haciendo desaparecer los procesos de calcinación de pirita y todos sus problemas ambientales, además de registrar la sustancia en la ECHA, ¿tendrían que esperar a que una orden ministerial les asegurara que el subproducto iba a ser utilizado y que no iba a sufrir “una transformación ulterior distinta de la práctica industrial habitual”? (signifique eso lo que signifique..), ¿en serio?

 ¿Necesitarán, entonces, las fábricas que utilizan el proceso Solvay para producir carbonato de sodio una orden ministerial que les diga que pueden seguir reutilizando el amoniaco o las condiciones en la que pueden vender el cloruro de calcio?

En la industria, las soluciones que ponen al mercado a trabajar a favor del medio ambiente se han demostrado, de largo, como las más eficaces.

Imponer la necesidad de aprobar una orden ministerial para transformar jurídicamente un residuo en subproducto es una medida, directamente, en sentido contrario.

Comprenderán ustedes que lo de regular por orden ministerial los “subproductos existentes” era una broma… no creo que a nadie se le pueda ocurrir algo tan descabellado… aunque, ahora que lo pienso, ¿no es exactamente eso lo que ha tratado de hacer el Reglamento 333/2010 de la chatarra?... (¡aaay!) 


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Los subproductos y la Ley 22/2011 de residuos (I)



1. Walther Nernst (Alemán. Química 1920); 2. Robert Goldschmidt (Belga. Física); 3. Max Planck (Alemán. Física 1918) ; 4. Marcel Brillouin (Francés. Física); 5. Heinrich Rubens (Alemán. Física); 6. Ernest Solvay (Belga. Química industrial. Patrocinador del congreso); 7. Arnold Sommerfeld (Alemán. Física); 8. Hendrik Antoon Lorentz (Holandés. Física 1902); 9. Frederick Lindemann (Británico. Física); 10. Maurice de Broglie (Francés. Física); 11. Martin Knudsen (Danés. Física); 12. Emil Warburg (Alemán. Física); 13. Jean Perrin (Francés. Física 1926); 14. Friedrich Hasenöhrl (Austriaco. Física); 15. Georges Hostelet (Belga. Química industrial. Colaborador de E. Solvay); 16. Edouard Herzen (Belga. Química. Colaborador de E. Solvay); 17. James Hopwood Jeans (Británico. Física); 18. Wilhelm Wien (Alemán. Física 1911); 19. Ernest Rutherford (Neozelandés/británico. Química 1908); 20. Marie Curie (Polaca/francesa. Física 1903. Química 1911) ; 21. Henri Poincaré (Francés. Física y matemásticas); 22. Heike Kamerlingh Onnes (Holandés. Física 1913); 23. Albert Einstein (Alemán/suizo/estadounidense. Física 1921); 24. Paul Langevin (Francés. Físico).

Todos, o casi todos, aquellos que hayan estudiado química, física o incluso cualquiera de las especialidades de la ingeniería habrán visto en alguna ocasión esta fotografía.

Fue tomada en la primera edición del Congreso Solvay celebrado en Bruselas en 1911 y que pudo celebrarse gracias al mecenazgo de Ernest Solvay, fundador de la empresa del mismo nombre.

El plantel es impresionante, desde luego. Entre paréntesis, junto a la nacionalidad, aparece la especialidad de cada uno de los asistentes y, en su caso, el año en el que fueron galardonados con el premio Nobel.

Quizás es aún más impresionante la foto del 5º Congreso, celebrada también en Bruselas en 1927 donde diecisiete de los veintinueve asistentes eran o llegaron a ser ganadores de Premio Nobel, incluyendo también a Marie Curie, que había ganado dos premios Nobel en dos disciplinas científicas diferentes. Pero a dicha Conferencia no pudo asistir su promotor porque murió en 1922.

Ernest Solvay nunca ganó el premio Nobel pero había patentado un sistema de producción del carbonato de sodio (Na2CO3), un producto fundamental de la química inorgánica para la fabricación de vidrio, detergentes o la metalurgia, conocido de hecho como “soda Solvay” y fundado la compañía Solvay que aún sigue siendo una de las empresas químicas más importantes del mundo.

A mediados del siglo XIX, el producto ya tenía una importante demanda pero se fabricaba siguiendo el método ideado por el químico francés Nicolás Leblanc hacia 1791 y que implicaba las siguientes reacciones químicas:

Reacción de la sal común con el ácido sulfúrico:
2 NaCl + H2SO4 Na2SO4 + 2 HCl

Reacción de calcinación del Na2SO4 con caliza y carbón:
Na2SO4 + CaCO3 + 2 C Na2CO3 + CaS + 2 CO2

Los principales problemas de este proceso eran la producción previa del ácido sulfúrico, la contaminación atmosférica que producían las emanaciones ácidas de ácido clorhídrico (HCl) y las grandes cantidades de residuos de sulfuro de calcio (CaS) que se generaban.

Solvay revolucionó la química industrial al repensar el proceso completo:

Haciendo pasar amoníaco y dióxido de carbono (ambos gaseosos) por una solución saturada de agua salada (cloruro de sodio) se forma carbonato ácido de sodio y cloruro de amonio (ambos solubles en agua):
NaCl + NH3 + CO2 + H2O   NaHCO3 + NH4Cl

El carbonato ácido de sodio se separa de la solución por filtración y se transforma en carbonato de sodio por calcinación:
2 NaHCO3    Na2CO3 + H2O + CO2

El cloruro de amonio obtenido se hace reaccionar con óxido de calcio y se recupera amoníaco  necesario para la primera reacción:
2 NH4Cl + CaO    2 NH3 + 2 H2O + CaCl2

El óxido de calcio se produce en la misma fábrica por calcinación de carbonato de calcio (piedra caliza) y así se produce el dióxido de carbono necesario en la primera reacción:
CaCO3  CaO + CO2

Es decir, el proceso solamente consumía piedra caliza y sal común. Ambos productos abundantes y baratos y aprovechaba los subproductos generados en el mismo proceso como materias primas, salvo el cloruro de calcio (CaCl2) que tiene muchas aplicaciones (y que incluso se come…) En resumen, una gran idea que hoy en día se sigue aplicando en, por ejemplo, la fábrica de Solvay de Torrelavega (Cantabria).

Fue la inteligencia del diseño en el aprovechamiento de los subproductos lo que hizo del proceso Solvay un éxito absoluto. Lo que permitió la existencia de las reuniones del Congreso Solvay y que con ellos avanzara una generación de oro de la historia de la ciencia.

Mañana les cuento a qué viene todo esto. 


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