lunes, 24 de septiembre de 2012

Excusas, blogs, Steve Jobs... y Seguridad Industrial



Aunque son muchos los clientes, compañeros y amigos que me preguntan creo recordar que ya les aburrí una vez con mis reflexiones sobre el truco para mantener en marcha un blog.

Les conté que, según mi más que modesta opinión, mantener esto en marcha es más una cuestión de ritmo que de tiempo material y cómo, en realidad, durante las vacaciones, a pesar de contar con más tiempo, de ir a todas partes con el portátil a cuestas y dedicar casi todas las mañanas de verano, con el fresquillo mañanero, un ratillo a contestar emails, leer boletines oficiales y pergeñar circulares e informes, soy escasamente capaz de juntar inspiración y paciencia para escribir cuatro letras.

Pero les contaré un secreto adicional. Durante las vacaciones, hay un aliado con el que no puedo contar: el metro.

No, no se trata de las bondades inspiradoras del ferrocarril suburbano de Bilbao y sus hermosas vistas del amanecer sobre la ría. No. Se debe a que, normalmente, como por ejemplo hago en estos instantes, las entradas del blog son (o, más bien, eran) escritas casi completas durante los trayectos en metro.

Soy consciente que también les he aburrido alguna que otra vez con mis diatribas sobre las excelencias de utilizar el transporte público, sobre la Sostenibilidad en la movilidad y de cómo tenemos poco derecho a quejarnos de un problema si en la parte que nos corresponde no aportamos nuestro grano de arena, pero es que, además, en mi caso particular, en metro tardo 30 minutos en llegar a Bilbao, frente a los 15-20 que tardaría en coche dependiendo del tráfico, pero durante los trayectos en coche, además de conducir y oír la radio, poco más se puede hacer, sin embargo, gracias a las maravillas de los dispositivos móviles, durante los recorridos en transporte público el tiempo puede aprovecharse de mil maneras.

En el caso concreto de este blog, el truco es (o más bien, era) sencillo. Nada más subir al tren, en ocasiones antes en el mismo andén de la estación, saco el móvil y me pongo a teclear como un poseso sobre el tema que me anda rondando la cabeza ese día. Para cuando el tren llega a la estación de destino, no sería la primera vez que concentrado en el texto me paso de parada, me mando un email a mí mismo. Al llegar al despacho, bajo el correo, corrijo, copio y pego el texto, le pongo una foto y, voilà, ya tengo (o, más bien, tenía) una entrada nueva en el blog.

¿A qué viene eso de “más bien, tenía”? pues que esta sistemática de trabajo, con ritmo y disciplina, me la ha fastidiado bastante los señores de Apple y, en concreto el difunto Steve Jobs y el haber puesto de moda los teclados táctiles.

Hasta hace unos meses andaba yo por la vida con un tocho-móvil HP, que pesaba 500 toneladas, que funcionaba con una versión jurásica de Windows Mobile, sin Whatsapp ni nada y al que tuve que equipar con una batería adicional, que abultaba lo indecible, para que la pila durara más de 12 horas, pero que tenía un pequeño, coqueto y robusto teclado de verdad, con teclas físicas, que con el paso del tiempo fueron perdiendo la pintura de las letras, con las que alcancé marcas de velocidad de mecanografía ciertamente respetables.

Pero claro, llegó Apple y puso de moda las pantallas táctiles, y el muestrario de morcillas que tengo por dedos no termina de acostumbrarse. Ahora tengo Whatsapp, Twitter, Facebook, la misma aplicación de Blogger… lo tengo todo en el móvil… pero no tengo teclado y, en los 30 minutos que antes escribía una entrada entera ahora apenas escribo cuatro párrafos y con una infinidad de erratas que tengo que corregir.

Sí, lo sé. Soy consciente de que hay modelos de smatrphone con teclado físico y, descuiden, la próxima vez que cambie de móvil iré por ese camino. Espero que con ello pueda recuperar el ritmo de dos entradas semanales.

Todo esto era la excusa introductoria para adelantarles en qué andaremos trabajando en materia de Seguridad Industrial en este curso 2012-2013.

Tenemos la puesta en marcha de la Directiva Seveso III que viene a ser la adaptación al Reglamento CLP de la normativa Seveso. Aprovecha la Unión Europea que el Pisuega pasa por Valladolid, por Aguilar de Campoo y por Simancas, para reforzar los aspectos de inspección y de información a la población, aspectos que en el País Vasco poco más se pueden reforzar.

Hemos preparado una hoja de cálculo Excel para ir adelantando los cálculos de afección de la norma pero ya les adelanto que estimamos un notable incremento del número de instalaciones afectadas. No tanto por la adaptación al Reglamento CLP, aunque la inclusión de la categoría 3 de Toxicidad Aguda por inhalación, parte de la cual antes eran productos Nocivos por inhalación, provocará alguna nueva entrada, sino por las reclasificaciones provocadas por el Reglamento REACH y, en concreto, los aspectos de peligrosidad medioambiental.

Andamos hablando con el Departamento de Interior de autoprotección y, en concreto, del programa informático para notificar (y mantener actualizados) los registros de planes de autoprotección. Además, andamos (pre)ocupados con la acreditación de los técnicos firmantes de los planes, una orden que salió en el BOPV el 4 de septiembre y que implica un trámite previo en el proceso de puesta en marcha de los Planes de Autoprotección con el que no contábamos.

Hemos hablado, poco todavía la verdad, con el Departamento de Industria sobre la aplicación informática (sí, otra) que están poniendo en marcha para las altas y actualizaciones de las instalaciones APQs.

En fin, que llego mi parada. Al final, las excusas ocupan más espacio en la entrada en sí. Acepten mis disculpas por tanta disculpa.

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4 comentarios:

Goio Borge dijo...

Soy de los que opina que el transporte público aumenta la cultura personal, porque permite leer. El problema que he visto en varios amigos es que han tenido que empezar a usar coche para ir al trabajo y dejan de leer, porque no tienen el hábito en casa. De todos modos, pienso que en el metro de Bilbao se lee poco en comparación con el de Madrid, por ejemplo, y no me refiero a números absolutos, claro.

El más claro ejemplo de pasaporte a la vida por la cultura gracias a la cultura en el transporte público tiene lugar el 11M, cuando se dice que más de uno salvó la vida gracias a que llevaba libros que pararon metralla. No sé si es verdad, pero en la desgracia de semejante imagen me gusta pensar que en efecto pudiera ser así.

Luis Blanco Urgoiti dijo...

No tengo datos, obviamente, pero mi impresión no coincide con la tuya, Goio. Uso el metro de Bilbao casi todos los días y el de Madrid una vez cada 15 días.

Cada vez que tengo una reunión en Madrid, salvo contadas excepciones, me subo al metro en el aeropuerto y llego en un abrir y cerrar de ojos al centro de Madrid (bueno, ya hablaré otro día del suplemento-sacacuartos de 3€ que se han inventado...).

A lo que iba, no aprecio diferencias sensibles entre la gente que lee en el metro en una y otra ciudad.

Pero, en fin, solamente es una impresión, puedo estar equivocado.

Anónimo dijo...

Estoy con usted en la utilidad del transporte público. No solo por sostenibilidad, sino por usar mejor ese tiempo en ir y volver del trabajo. Incluso en viajes largos, prefiero el tren que mi coche, para poder leer en el trayecto. En cuento al dispositivo móvil con mini-teclado táctil, que le impide teclear con velocidad (y a los que PARECE nos tendremos que acostumbrar nos guste o no): ¿ha probado a llevar una libreta y un bolígrafo? Parece obvio, pero a veces, la tecnología antigua, sin pilas ni baterías funciona mejor para ciertas cosas. Es verdad que luego tendrá que teclear todo lo escrito a mano, pero las ideas puede fluir rápidamente, como con el teclado del viejo móvil HP.

Cristina dijo...

Yo en cambio soy de las que apoya el uso del coche para desplazarme, creo que debería de considerarse un aliado y no un enemigo de la movilidad y las políticas actuales deberían de versar por hacer sostenible el uso del coche en las ciudades y no lo contario.
Despúes de mis 8-9-10 horas delante de un ordenador en el trabajo más las que luego puedo estar en casa escuchar la radio del coche me parece una bendición o sin más conducir y no oir nada.Un saludo