jueves, 4 de diciembre de 2014

De un boicot que no lo es y de una patada al diccionario


Tengo un amigo al que le gusta mucho la química, la industria, las palabras y enrollarse en su blog contando historias sobre Sostenibilidad y esas cosas.... pero, entiéndanme bien, no soy yo.

El caso es que mi amigo, éste que no soy yo, es un poco friki para ciertas cosas y es incapaz de pasar por la sección de productos de limpieza del supermercado, sin pararse un rato a revisar etiquetas... con el lógico y consiguiente enfado de su, por lo demás, paciente esposa:

- "Pero... ¿otra vez?.... ¿no puedes dejar eso?"
- "... es que esto está mal etiquetado... ¡fíjate!... ¡han puesto el pictograma equivocado!, ¡es indignante!"

Ella no dice nada pero el gesto de llevarse índice y pulgar al espacio entre las cejas y su cara de estar pensando "¿qué habré hecho yo para merecer esto?" lo dicen casi todo.

Este amigo mío, éste que no soy yo, trabaja en una asociación de empresas del sector químico que, como todas las asociaciones de ámbito geográfico limitado, vive en una permanente relación de amor y de odio con las empresas multinacionales.

De "amor", no sólo porque paguen su cuota de asociados, sean sus clientes y debe representar sus intereses en todo momento (al menos mientras sigan siéndolo), sino porque son empresas muy bien gestionadas y que cuentan con los profesionales más eficientes y mejor formados, que aportan decisivamente al trabajo conjunto del sector.

Pero "odio", sí odio, porque en decisiones, que no por ser predecibles dejan de causar frustración y rabia, pueden cerrar una fábrica u otra en función de cálculos estratégicos globales en los que esa fábrica y esas personas son poco más que peones en una partida de ajedrez. Personas, técnicos y trabajadores, con los que ha trabajado y peleado día a día durante años.

Una de esas empresas, una de las compañías líderes de aquella asociación en la que mi amigo trabaja, decidió cerrar una fábrica de productos de cosmética y limpieza en 2006 y llevarse la producción a Polonia. Él comenta que, para muchas empresas industriales de la propia asociación, la decisión fue un "chollo" porque "pescaron" a algunos de los mejores profesionales que ahora trabajan en sus fábricas y mantiene contacto con muchos de ellos de forma habitual.

No lo admite abiertamente, pero desde entonces, prefiere no adquirir productos de dicha empresa para su propia compra domestica aunque reconoce que son productos muy buenos y, en ocasiones, a mejores precios que la competencia. No es que sea algo sistemático, premeditado y, ni mucho menos, promovido... es una mera cuestión de antipatía y puesto a elegir, siempre que sea posible, prefiere productos elaborados por empresas, actualmente, asociadas. No se lo tengan en cuenta...él es así.

Mi amigo, éste que no soy yo, es por lo general paciente y tranquilo pero el otro día, estalló en cólera en el supermercado.

No ve mucho la tele. No porque le tenga manía o porque le parezca mal, es que casi siempre tiene algo más interesante que hacer. Sin embargo, el otro día, mientras preparaba la cena le pareció entreoír un eslogan en un anuncio que decía algo parecido a... "¡Ahora con menos químicos!"...  y pensó... "he oído mal, no puede ser".... y siguió preparando la cena. Pero, al día siguiente, se acercó a mirar las etiquetas en el supermercado y lo vio. Allí, en medio, en todo sus esplendor y todo su lustre:



Y pensó: "¿presumen de tener menos profesionales de la química contratados en la empresa, es simple ignorancia... o es que, sencillamente, han vendido su alma al marketing quimifóbico?"...

Mi amigo, ese que no soy yo, lleva unos días pensando en ello y no cree que, además de cerrar fábricas, puedan presumir en su publicidad contratar menos profesionales de la química aunque, en el ámbito de su asociación al menos, ese eslogan es cruel y completamente cierto.

Puede ser sencilla ignorancia. Puede ser que no sepan que en castellano, "químico" no es en ningún caso sinónimo de "producto químico". Usarlo así es un anglicismo derivado del término "chemical", que en inglés sí tiene esa acepción; recuerden que en inglés "químico" como "persona que profesa la química o tiene en ella especiales conocimientos" se dice "chemist".

Pero para rizar la patada al diccionario, ésta viene combinada con una ignorancia aún mayor. Lo que los abogados llamamos, una ignorancia inexcusable, lo que la hace equivalente a una mentira.

El Reglamento 648/2004 de detergentes determinó la obligación de todos los fabricantes y distribuidores de productos limpiadores para uso doméstico de publicar el listado de los componentes de sus productos en una página web.

Esta empresa, a la que mi amigo, ese que no soy yo, aunque no lo admite guarda un cierto rencor, como es habitual en las multinacionales, cumple a rajatabla las normas y, si se busca un poco, es muy fácil encontrarlos: ¿me podría decir alguno de los (pocos, deduzco...) químicos que queden en esa empresa explicar cuál de los siguientes componentes no es un "producto químico", no es un "chemical"?



(Por cierto, con "con Oxígeno Activo", supongo que se refieren al percabonato de sodio que lleva el producto, que tiene esta ficha de datos de seguridad según Sigma-Aldrich... de modo que presumen, a la vez, de que lleva menos (productos) químicos y de que lleva más percarbonato de sodio.... sorprendente, cuando menos...)


Suele decir este amigo mío, éste que no soy yo, que la "maldad" no existe, que ningún ser humano cuerdo, ni ningún otro ser vivo obviamente, actúa con el fin exclusivo de hacer daño y que la forma más habitual de maldad es una combinación de egoísmo, avaricia e ignorancia.

Esta empresa, ésta que lideró proyectos muy significativos en la asociación que dirige mi amigo, este que no soy yo, con esta campaña, con este eslogan, supera una barrera hacia su propia perdición.

Dice mi amigo, éste que no soy yo, que por mucha rabia que nos dé, por mucho que a mi amigo le duela, no se puede reprochar a una empresa mercantil su avaricia. Al fin y al cabo, son organizaciones en las que el afán de lucro preside toda su actuación y que no engañan en ese aspecto, una empresa se crea y se mantiene para ganar la mayor cantidad de dinero posible para sus accionistas.

Pero que una empresa química venda su alma al diablo del marketing quimifóbico, mintiendo descaradamente, disculpen ustedes a mi amigo, pero le parece imperdonable.

No es mi amigo, éste que no soy yo, muy dado a promover boicots pero, a veces dice, no es por falta de ganas.

Foto de cabecera cortesía de: Fletxaberde (Own work) [CC-BY-SA-3.0-es (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/es/deed.en)], via Wikimedia Commons

2 comentarios:

Chantal Coll dijo...

Como siempre, me ha encantado Luis!

Juan Antonio Gabaldón dijo...

Yo ya he renunciado, hace años escribi una carta al país sobre el mal uso de "químico" com traducción de chemical y ni siquiera me contestaron.