jueves, 21 de abril de 2016

Las medicinas de la biosfera





Hace ya demasiados años, en un debate en la Facultad de Ciencia y Tecnología de la Universidad del País Vasco, hice alusión a la definición que del concepto "Desarrollo Sostenible" había hecho la comisión Brundtland (Aquel desarrollo que es capaz de satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las generaciones del futuro para atender sus propias necesidades) y me acusaron de "antropocentrista". Como suena. Y me lo espetaron casi-casi como un insulto...

Sinceramente, no es fácil dejarme sin argumentos pero, en aquella ocasión, me quedé un poco fuera de juego. No me lo esperaba.

Transcurridos los años, con más canas pero con las mismas ganas de participar en buenos debates, les admitiré que sí, que mientras alguien no me demuestre que la filosofía, el Derecho o la ciencia tienen algún sentido si no utilizan al ser humano como medida, seguiré pensando, evaluando y decidiendo en función de lo que más le convenga a la especie humana. Seré "antropocentrista".

Desde los años 80 ha habido estudios de la filosofía y del Derecho que han defendido que es moralmente injusto la concepción "utilitaria" del medio ambiente y, específicamente, de los animales. Que todos los seres vivos tiene derechos por sí mismo y no que su derecho a la vida o incluso a la dignidad no depende de los seres humanos... básicamente, que el ser humano no es, ni individualmente, por supuesto, ni siquiera colectivamente, propietario del medio que le rodea.

Llámenme "antropocentrista", o "humanista" si lo prefieren, pero yo no estoy de acuerdo. Y no porque el medio ambiente y los seres vivos en general no me merezcan el mayor de los respetos sino porque el Derecho, "tener derechos"sólo tiene sentido en las relaciones entre seres humanos. El Derecho es una creación humana y, el día que la especie humana desaparezca, desaparecerá con ella.

De hecho, en la naturaleza, ese concepto carece de sentido. La justicia y la injusticia, sencillamente, desaparecen. ¿Es justo que el león cace a la cebra?, ¿... o es más justo que el león muera de una coz de la cebra que se defiende?...

Y en mi muy modesta opinión, insisto, eso no hace menos valioso el Derecho y, por supuesto, no hace que el medio ambiente merezca un ápice menor de protección.

La Constitución Española de 1978 está de acuerdo conmigo... aunque hoy en día no sé si eso es mucho decir, pero en su Capítulo Tercero, llamado "De los principios rectores de la política social y económica", en el artículo 45.1 dice:

Art. 45.1. "Todos tienen el derecho a disfrutar de un medio ambiente adecuado para el desarrollo de la persona, así como el deber de conservarlo."

Y la formulación es evidente: la normativa protege el medio ambiente porque todos sus habitantes humanos tenemos derecho a disfrutar de él.

Esta dicotomía no es solamente teórica, una cuestión meramente filosófica, sino que, como suele suceder con los fundamentos del Derecho, tiene un claro impacto a la hora de regular o establecer normas concretas.

Y, ¿qué quieren que les diga?, me siento un poco egoísta al pensar así. Me gustaría creer, como tanta gente, en ese cuento idílico del ser humano viviendo en armonía con la naturaleza, comiendo los dones que ésta nos da, sin avaricia o egoísmo, disfrutando del sol y el aire y correteando por los prados en compañía de briosos venados y elegantes lobos... pero la realidad nunca ha sido esa y, siento ser yo el que les provoque un desengaño, nunca lo será.

El ser humano, en lo más crudo de la naturaleza, antes de la existencia de la agricultura o de la ganadería, apenas tenía una esperanza de vida de 20 años, efecto estadístico directo del hecho de que 9 de cada 10 bebés no llegaba a la edad adulta. El hambre, el frío, los animales salvajes o una simple gripe eran  causas de muerte habituales a las que los hombre y mujeres de entonces estaba habituados.

Desde entonces, quizás con el descubrimiento de las herramientas de piedra y el fuego, la humanidad descubrió que su inteligencia le permitía hacer algo que a otras especies animales les estaba vedado: además de adaptarse al medio, como hacían y siguen haciendo todos los seres vivos, podía utilizar su conocimiento para transformarlo, utilizar su análisis de la observación sistemática de la naturaleza para, mediante la técnica, hacer que el medio se adaptara a sus necesidades o, más bien, a sus posibilidades.

El ser humano se dio cuenta de que, lo mismo que el chamán, haciendo tomar ciertas hierbas a un enfermo podía alterar el curso de la naturaleza y evitar su muerte, usando el fuego podía ser más efectivo desviando a los mamuts hacía una trampa.

Pero ya entonces, la humanidad intuyó que ninguna intervención en la naturaleza es gratis. Que toda alteración del curso de la naturaleza tiene pros y contras, supone beneficios y entraña riesgos.

Descubrieron que, lo mismo que era peligroso si un chamán inexperto administraba una dosis excesiva de cierta hierba a un enfermo, usar el fuego sin control, podía propagar el incendio al bosque y destruir su propio campamento.

Desde entonces, ni el ser humano, ni la naturaleza que le rodea ha cambiado mucho en realidad. Esencialmente, cada avance científico, cada desarrollo de la técnica dirigido a mejorar nuestra salud, nuestra esperanza y calidad de vida, tiene riesgos que debemos asumir como adultos y tiene efectos secundarios, que debemos conocer y minimizar en lo posible para realizar un balance y tomar una decisión.

En esencia, usar el fuego para cazar mamuts y la instalación de una central nuclear tienen el mismo planteamiento, el mismo análisis.

Hace ahora un siglo, más o menos, la sociedad y la prensa de entonces debatían arduamente sobre si el uso generalizado del teléfono estaba detrás del repunte de los casos de tuberculosis en Europa. Se escribían sesudos artículos sobre los perniciosos efectos que podía tener sobre el cerebro humano desplazarse en automóvil a velocidades "descomunales, que podían superar los ¡100 km/h!"

¿Qué hubiera sucedido si el consejo de ancianos de la tribu hubieran hecho caso a aquellos que decían que el fuego era demasiado peligroso y que había que prohibir su uso?...

Los ancianos, en su sabiduría y con los conocimientos que otorgan sus muchos años de vida, algunos de ellos superaban incluso los 45 años, decidieron realizar una Evaluación de Impacto Ambiental y un Análisis de Riesgos y, teniendo en cuenta el principio de precaución, tomaron una decisión.

¿Podemos hacer hoy lo mismo?, la misma ciencia que descubre que hay una posible fuente de gas enquistado en el subsuelo que puede extraerse fracturando la roca mediante agua a presión, es perfectamente capaz de evaluar si los beneficios socioeconómicos de extraer ese gas compensan o no con los riesgos que asumimos como sociedad y de los inevitables efectos secundarios que se producirán. Trataremos de que sean los menos posibles, pero se producirán... empezando por el hecho de que, con ello, estaríamos estirando la cuerda de los combustible fósiles y agravando el cambio climático.

Personalmente no tengo una postura definida sobre el fracking. Me cuesta pensar que algunos de los países socialmente más avanzados del planeta se estén autodestrullendo. Me cuesta creer que una de las autoridades ambientales de referencia en el mundo, la EPA de los Estados Unidos de su visto bueno a algo que, según algunos, es tan radicalmente malo.

Quizás, casi seguro, una técnica que puede resultar apropiada para las llanuras de Kansas, por geología, hidrogeologia, densidad de población... deba prohibirse en los valles alaveses... pero me niego a pensar que ni siquiera podamos analizarlo. ¿Por qué no?.

Sí, el "fraking", como toda intervención técnica del ser humano en la naturaleza, como una autopista, como un túnel o un puente, deben analizarse como un medicamento de la bioesfera.... ¿es el tratamiento adecuado?, ¿es realmente lo que necesitamos?, ¿serán sus efectos secundarios peores para la biosfera y, por ende, para el ser humano que los beneficios que del mismo se obtienen?...

La foto que ilustra esta entrada tiene fecha de 17 de febrero del presente año. Debido a la previsión de bajas temperaturas, el ayuntamiento de Getxo decidió extender sal por los carriles bici del municipio para evitar accidentes con el hielo que podría generarse.

Es algo habitual y necesario cada invierno. Las ciudades y las autopistas se siembran con sal, evitando el colapso de tráfico y multitud de accidentes.

Pero es una intervención en el curso natural de las cosas, un medicamento para la biosfera que, como todos debe usarse con moderación.... la sal, arrastrada por la lluvia, o por el agua del deshielo, tanto da, termina en los ríos que no tendrían porque tener ese aporte salado si la naturaleza siguiera su curso.... ¿compensa?... eso lo tenemos que decidir entre todos.

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3 comentarios:

Rafa dijo...

Buenos días y gracias por tu "entrada en el blog". Siempre las leo atentamente y me parecen muy interesantes.
Hasta hoy no había hecho ningún comentario, pero hoy me veo obligado.
Mi formación es científica aunque en mi profesión tengo que aplicar conceptos legales habitualmente (como la mayoría de los que leemos este blog asumo) así que no voy a entrar en la discusión sobre "derecho", pero sí diré que según lo que has expuesto evidentemente es un invento, un artificio, que en la naturaleza no existe y entre los humanos tampoco desde no hace mucho. Recordemos eso de que la vida no es justa.
Creo que entiendo hacia donde quieres dirigir esta entrada/reflexión, pero me permitiré un comentario aunque no es el nucleo de la misma... no somos el centro de nada, somos una parte. Podemos decidir sobre el futuro de muchas especies, pero debemos? El poder hacerlo nos permite USAR a los animales a nuestro antojo? como en muchas épocas de la antigüedad (e incluso ahora) el humano más fuerte podía usar a los más débiles. Recordemos que el derecho es cambiante. Los ciudadanos romanos tenían unos derechos que los esclavos no tenían, las mujeres no han tenido derecho al voto hasta no hace mucho (incluso algunos se rompían la cabeza pensando en si tendrían incluso alma)... qué decir del racismo hacia los negros en EE.UU... lo cual a mi me hace preguntarme cual será el próximo paso, dar derechos a los animales? personalmente espero que sí.
Gracias por la oportunidad de comentar.
PD: yo tampoco tengo una opinión definida sobre el fracking :)

Luis Blanco Urgoiti dijo...

Hola Rafa,

Como la respuesta que estoy escribiendo me está quedando un poco larga... casi mejor, te contesto en otra entrada....

Rafa dijo...

Gracias Luis :) y un placer