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viernes, 18 de enero de 2019

El joven Napoleón se hubiera apuntado a Segurmania


Solamente tenía 36 años, pero aquel 1805 sería recordado para siempre y por toda la humanidad, por la gloria de Napoleón Bonaparte.

Aquel 2 de diciembre, a media tarde, Napoleón se sentó en su tienda cansado, pero satisfecho, tras derrotar contra todo pronóstico y con fuerzas muy inferiores en número, a....

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El joven Napoleón se hubiera apuntado a Segurmania

jueves, 19 de octubre de 2017

Recuerdo que aquel día llovía en Bilbao



Recuerdo que aquel día llovía en Bilbao. Había pasado el mes de agosto con mucho calor y la gente comentaba que ya era hora, que se echaba de menos la lluvia.

Jonkar, como llamaba todo el mundo a Juan Carlos, vino con su hermano a verme a la oficina. Su hermano Andoni era bastante más joven que él, yo le conocía hace tiempo, pues era un abogado al que recurría de vez en cuando CCOO para negociar convenios de empresa y mediaciones en conflictos colectivos. Un tipo serio, y cuyo conocimiento y coherencia se habían ganado el respeto de todos, en el siempre complicado ambiente de las relaciones laborales en Euskadi.

Jonkar me había llamado la noche anterior al móvil y me había pedido que habláramos por la mañana temprano. Le ofrecí tomar un café en algún sitio de Bilbao o desplazarme yo hasta su fábrica, en el Duranguesado. Por su negativa tajante – “si no te importa, prefiero un sitio más discreto”-, la urgencia y por el color de su cara cuando nos encontramos, diría que pude imaginarme de qué se trataba.

En el despacho, Jonkar apenas habló.

- Este es muy burro, – me decía Andoni - ya recibió una carta a principio de año y otra antes de verano y no se lo dijo a nadie. Las rompió y se fue a Medina con la mujer y los nietos en agosto, como si tal cosa.

Jonkar se limitaba a asentir con la mirada perdida en ninguna parte.

- Ahora le han mandado otra carta, pero esta a su hija, que vive en Bilbao - siguió Andoni -  y en ella citan los nombres y el colegio de los dos nietos y, claro, Teresa, la mujer, se ha enterado y anda mal de salud... Le dio un ataque y lleva dos días en Cruces ingresada. Con la tensión por las nubes y una ansiedad cada vez que se acuerda del tema que... en fin.

Andoni tragó saliva y continuó:

- Dicen que ya es el tercer aviso y piden 200.000 €.

- No los tengo - interrumpió Jonkar - no los tengo. ¿Tengo que pedir un préstamo para pagarles?

Jonkar empezó Bachillerato, pero no lo terminó. Huérfano de padre unos años antes, renqueó en los estudios, sobre todo por no disgustar a su madre, hasta que no pudo más.

Se apuntó a una FP de informática, pero tampoco era lo suyo. Lo que siempre se le había dado bien era la gente. Ser simpático y abierto. En todos los pueblos del Duranguesado, no sólo en el suyo, todo el mundo le saludaba por la calle. Todos le conocían cuando entraba en cualquier bar.

Y precisamente por eso, comenzó a vender. Y era un comercial muy bueno. Empezó vendiendo tornillos, después herrajes para puertas y, durante bastantes años, trapos y cotones para recoger grasas y aceites en las fábricas. Vendió casi de todo.

Allá por el año 2000, un conocido suyo de Valencia le propuso asociarse como autónomos, en un negocio: había comenzado a importar unos lavavajillas de Hungría muy compactos, para lavar en ciclos muy cortos vasos, copas y tazas en los bares, muy baratos y extraordinariamente resistentes. Duraban una eternidad y no tenían averías.

Jonkar se hizo cargo de Cantabria, Euskadi, Navarra y La Rioja y, tipi-tapa, tipi-tapa, a ello se puso, a hacer kilómetros, a visitar bares, restaurantes y asociaciones de hostelería.

Transcurridos unos años, las ventas no podían ir mejor. Su amigo valenciano se había retirado y ahora trataba directamente con los húngaros, que etiquetaban el producto con su marca. Libre de las limitaciones territoriales iniciales, había hecho bastante ventas en Aragón, en Burgos y en Asturias, pero la verdad es que apenas alcanzaba a servir los pedidos que tenía en Euskadi.

Tenía ya cuatro empleados. Dos chicos en el almacén, una administrativa muy eficaz y un comercial, que fue compañero suyo de curso en el colegio, que le ayudaba. Los cuatro eran del pueblo, o casi, y se los encontraba habitualmente tomando txikitos, comprando el pan o en la fiesta de la ikastola.

Las cosas iban bien y, sin embargo, Jonkar no terminaba de estar contento. Pensaba que, una vez hecha la venta, como el producto era tan estupendo, lograba un cliente muy satisfecho, al que ya no vendía nada más.

Dando vueltas al problema, se le ocurrió distribuir también el detergente para el lavavajillas pero, haciendo muchos números vio claro que no compensaba, que el margen era muy pequeño.

Una noche de fiestas, hablando durante la cena en la sociedad con un amigo del pueblo, un químico jubilado que había trabajado en una fábrica en Galdakao, le explicó que los proveedores de productos químicos para fabricar detergentes le podían dar toda la información de formulas y equipos necesarios. Que la instalación no era muy compleja y que él mismo le echaría una mano.

Se puso en marcha, pero no se detuvo en el detergente y presentó a sus clientes la línea completa de productos químicos que un local de hostelería puede necesitar: jabón lavamanos, desengrasantes, ambientadores, friegasuelos…

Fue entonces cuando se asoció a AVEQ-KIMIKA, pues las licencias y permisos, el registro de productos, las obligaciones de transporte de mercancías peligrosas, la normativa de etiquetado le superaba y necesitaba ayuda para ponerse al día con la normativa.

Y la idea funcionó. Tanto es así que a los pocos meses de superar la pesadilla burocrática de poner en marcha una actividad empresarial, había tenido que contratar a dos chicos más y a un químico, cuya tarea inicial era la de poner en marcha un pequeño laboratorio para análisis e ir pensando nuevos productos.

- Y dicen que contactemos “con los círculos habituales de la Izquierda Abertzale de su municipio”… ¿entramos al Herriko y preguntamos por alguien?... ¡esto es ridículo!

- ¿Quién les habrá ido con el cuento?... aunque en el pueblo nos conocemos todos… y desde hace tiempo ya notaba yo que había miradas raras. ¿No habrá sido alguien de la fábrica?.... - se preguntó Jonkar, y volvió a ensimismarse, mirando la pared.

- Y se compra un coche nuevo en marzo y va a enseñarlo en la plaza del pueblo a todo el mundo. – reprochó Andoni. - Ahora, la mitad del pueblo no nos habla y, por supuesto, hay bares a los que ya no entramos.

- ¿Y qué quieres?, ya estaba encargado… por fin, después de tantos años de esfuerzo, de reinvertir y reinvertir y reinvertir, estoy teniendo una cierta holgura y me di un capricho. Y no quise Mercedes para que no hablaran... ¡si es para trabajar!, le hago casi 200.000 km al año.

Se hizo el silencio un segundo.

- ¿Qué nos aconsejas que hagamos?

- Bueno, ya sabéis que esto no es mi especialidad - respondí - pero el único consejo que puedo daros, y que damos desde las asociaciones, es no pagar y acudir a la Ertzaintza cuanto antes. Te acompañaremos para hablar con ellos. Si pagas ahora, además de ceder a un chantaje, estarás pagando siempre.


En noviembre, alguien pintó su nombre dentro de un punto de mira con spray rojo en la persiana de la nave.

En diciembre, una noche de kale borroka por todo el pueblo, quemaron un cajero frente a su casa y lanzaron un cóctel molotov contra su portal. Teresa tuvo un ataque de nervios y esa noche la pasaron en casa de la hija, en Bilbao.

En enero, tras una visita rutinaria, el médico les dijo que, probablemente no fuera nada, pero que había que hacer una biopsia al bulto que tenía la hija en el pecho.

Teresa, sentada junto a su hija, apenas dijo entre dientes “¿Cáncer?”, se desvaneció y cayó al suelo.

La ingresaron de inmediato con un diagnóstico de infarto cerebral. Murió tres días más tarde sin haber recuperado la conciencia.

Jonkar cayó en una profunda depresión. La empresa cerró, tras casi un año de desconcierto, unos meses antes del anuncio del “cese de la actividad armada”. Sus lavavajillas siguen funcionando en decenas de bares de todo Euskadi.

Según creo, el comercial y uno de los operarios de almacén, aunque han tenido algún trabajo breve en estos años, siguen en el paro.

Hace un par de años me encontré con Andoni en una fábrica. Me dijo que, gracias a la medicación, su hermano había salido del pozo negro en el que estuvo casi tres años metido, que incluso le llevó a estar ingresado en Zamudio. Vivía con la hija, pero apenas hablaba y nunca salía de casa.

Le di un abrazo, algo que sorprendió mucho tanto a los representantes de la empresa, como a los miembros del comité de empresa que nos vieron. Fue una mediación tranquila que se resolvió con un buen acuerdo.


Mañana, viernes, 20 de octubre, las asociaciones que representamos al empresariado vasco, agrupadas en torno a Confebask, ADEGI, CEBEK y SEA, hemos organizado un acto homenaje a los hombres y a las mujeres que tuvieron que soportar la violencia y el infierno de un chantaje mafioso, especialmente duro por ser justificado e inclusión apoyado por una buena parte del círculo social de sus víctimas. Un homenaje a los que lo resistieron y a los que, como Jonkar, no fueron capaces.

Hace un par de días, un renombrado líder de los “círculos habituales de la izquierda abertzale” se mostraba entre sorprendido e indignado porque Confebask no le hubiera invitado a dicho acto.

¿Qué quieren que les diga?... supongo que llegará el día que podamos superar todo aquello, un día en el que el olvido nos lleve al perdón. Pero, es pronto. Ese día aún no ha llegado.


Volver a www.aveq-kimika.es



viernes, 11 de diciembre de 2009

El Reglamento REACH y el Reglamento CLP (o GHS) en una empresa pequeña... ¿una historia con final feliz?.... (II)


(Fotografía cortesía de Goieki)


La decisión no ha sido fácil. Lo han hablado con mujer e hijos. Han visto pros y contras y han tomado una decisión.

Lo cierto es que vender la fórmula es lo más cómodo y tentador. Sin duda. Y el dinero que les ofrecen les llega para ampliar el almacén, comprar un par de furgonetas, abrir la delegación en Huesca o en Jaca (cada vez tienen más obras en Pirineos)... para que se compren una casa en la playa, dar la vuelta al mundo con parada en las islas Fidji y todavía les sobra...

Por otro lado, le han enseñado el borrador de contrato que les ofrece la distribuidora a Juanito "Purrua" (se apellida Irarzabal pero "purrua" es el mote de toda la familia) que estudió en Pamplona la carrera y ahora es el director de la sucursal de la Caja Laboral del pueblo y les ha dicho que, con esas condiciones, les prestan el dinero para constituir una SL, montar la nave, con maquinaria y todo, y que casi, casi podrían ganar dinero desde el primer año...

Al final, se decidieron por montar la fábrica.. y casi lo que más pesó en la decisión fue tener un cuñado sin trabajo, algo paradillo pero muy buen chaval, que estudió en el Instituto de Maquina Herramienta de Elgoibar y que podría hacer un buen papel como encargado de la fábrica. Calculan que, a pleno rendimiento, con cuatro o cinco chavales sería suficiente.

Así que allá por principios de 2008, al 50% con la mujer, van a la notaría a Beasain y firman para constituir Adhesivos del Goierri, S.L. Alquilan una nave, encargan a una ingeniería de allí mismo, de Beasain, una que trabaja mucho con C.A.F., el diseño y montaje de la maquinaria y del almacén (con la legalización incluida, según te han aconsejado en Goieki) y tras licencia de actividad, licencia de equipos a presión de industria, caldera, legalización de la APQ del almacén, inscribirse en no se qué registro del Gobierno Vasco de emisión de COVs (¿o era VOCs?...), contratar un servicio de prevención para que evalúe los puestos, hagan el plan de prevención... después de un montón de formularios, instancias y permisos.... todo está listo.

En un principio, contratan a dos chavales para trabajar en turno de mañana en la planta y, junto con el cuñado, se ponen manos a la obra.

Al poco de empezar, se dan cuenta de que les hace falta un químico. En los contratos se han acordado una serie de especificaciones técnicas (viscosidad y cosas así...), y necesitan un técnico para hacer el control de calidad.

Hacen unas cuantas entrevistas y con el inestimable consejo y apoyo de Goieki (no son capaces de imaginar cómo puede alguien montar una empresa en este país sin la ayuda de Goieki...), contratan una chica joven de Segura, Sandra se llama, que hizo la carrera en Donosti y tiene el título de prevención.

Sandra es un puro nervio. Todo actividad. Pone en marcha la certificación de calidad en ISO-9001, tiene firmes a los del servicio de prevención, acude a cursos en Adegi, allí le recomiendan que vaya a uno en Bilbao de la Asociación de Químicas y, cuando vuelve.... empieza a liarnos la cabeza con el etiquetado y la Ficha de Datos de Seguridad.

Les intenta explicar algo de que la norma ha cambiado pero no ha cambiado y va a cambiar... que para el 2015 habrá que usar otras etiquetas en el pegamento...

- ¿2015?, ¿y para que hablamos de algo que va a suceder dentro de tanto tiempo?

- Es que entre medias hay algunos cambios de clasificación. Además, tenemos que hacer una etiqueta correcta ahora mismo y una Ficha de Datos de Seguridad, preparar la etiqueta que habrá que poner el año que viene, estar atentos a que nuestros proveedores registren la sustancias y nuestro uso en la agencia en Helsinki...

- ¡¿Helsinki?!

- Y, además, han cambiado la clasificación del DIBP.

- Pero... ¿qué leches es eso de DIBP?

- Di-isiobutil ftalato, hombre...

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