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jueves, 18 de mayo de 2017
Es mejor no saber
En el día a día, cada vez con mayor frecuencia, cuando trato de explicar algo relacionado con la Sostenibilidad de la industria… por ejemplo, explicando con palabras sencillas cómo se elabora una mayonesa industrial, me encuentro con una respuesta que me preocupa mucho y que pone en cuestión todo el sistema democrático: “Es mejor no saber”.
¿Que exagero?... no creo.
Una de las citas de Nelson Mandela más conocidas es aquella que dice: “La educación es el arma más poderosa que podemos usar para cambiar el mundo” a la que yo añado: la educación, el conocimiento... "saber", al fin y al cabo, es la cura para casi todos los males que azotan a la humanidad, cura la intolerancia, el racismo, la xenofobia, previene la violencia y es la base de la ciencia que curará las enfermedades.
El populismo, al igual que los curanderos, adivinos y demás falsarios, nos ofrece certezas, respuestas simples a problemas complejos. La realidad es complicada y nunca, se lo aseguro, nunca es una cuestión de buenos y malos. Nada en este complejo mundo es absolutamente malo y nada es absolutamente bueno.
El populismo miente con descaro. Coquetea con el racismo, cuando no lo abraza abiertamente, y siempre busca a un culpable. Alguien humano, preferiblemente un colectivo lo suficientemente difuso para que podamos odiarlo sin remordimientos, pues no lo identificamos con una persona concreta, con un igual, se trata, simplemente, de “otros”.
Así lo hicieron los nazis con tanta eficiencia. Los nazis decían que los graves problemas que tenía Alemania en los años 30 no eran consecuencia del militarismo desbocado que condujo al país a perder de forma desastrosa la 1ª Guerra Mundial. No. Decían: “No os preocupéis, la culpa no es vuestra, es de los judíos”…. El pueblo alemán, abrumado por la situación, angustiado por el miedo, pensaba, “No. Mi vecino Salomón no tiene la culpa, él es bueno, son otros judíos los culpables…” y ya saben cómo terminó la historia.
El populismo ha ido cambiando de enemigos, según su conveniencia, los judeo-masones, los inmigrantes, los musulmanes, “la casta”, “los yanquis”… las multinacionales…. Pero siempre han tenido rasgos en común: respuestas sencillas a problemas complejos, usar el miedo como palanca y tratar de que el pueblo piense lo menos posible por su propia cuenta, decirle, en una formula muy simple, qué tiene que pensar y nunca, jamás, darle elementos de juicio para poder decidir. El populismo no los necesita, no los quiere porque si el pueblo piensa por su cuenta, desaparece.
Y lo peor de ello es que eso nos gusta. Nos permite seguir pensando que somos dueños de nuestro destino mientras decimos “Es mejor no saber”….
Cuentan que Otto von Bismarck, el “Canciller de Hierro”, el gran estadista alemán artífice de la unificación del país, pero que nunca destacó precisamente por su talante democrático, dijo una vez: “Las leyes son como las salchichas, es mejor no saber cómo se hacen” (Gesetze sind wie Würste, man sollte besser nicht dabei sein, wenn sie gemacht werden – más exacto: “es mejor no estar allí cuando se hacen")… sustituyan “salchichas” por la “mayonesa industrial” y…. voilá…. "Es mejor no saber".
Y es entonces cuando llegan las elecciones o los referéndum y, como ciudadanos, tenemos que decidir y nos echamos las manos a la cabeza con las decisiones. ¿Cómo es posible que haya ganado el Brexit en Reino Unido?... pero si es evidente que es mucho mejor estar en la UE que fuera.... ¿es que no piensan?.... y la respuesta es no, no pensamos, no queremos pensar porque "Es mejor no saber" y confiar en los mensajes sencillos que los populistas nos ofrecen.
Hace unos meses leía un artículo sobre el TTIP (Transatlantic Trade Investment Partnership) de un politólogo al que leo a menudo que se llama Roger Senserrich, que vive a caballo entre la realidad de los Estados Unidos, donde reside, y la de España. Me gustan mucho sus análisis y sus diagnósticos, con los que generalmente coincido. El TTIP pretende unificar los requisitos de comercialización de productos y servicios entre Estados Unidos y la Unión Europea. Para explicarlo de forma sencilla: si los requisitos de las tapas de alcantarilla son los mismos en Europa y en Estados Unidos, un pequeño fabricante de tapas de alcantarilla no tendrá que hacer series diferentes y moldes distintos para tiradas más cortas, podrá hacerlas todas iguales y competir a ambos lados del Atlántico, mejorando la calidad, reduciendo precios y favoreciendo que a los ciudadanos nos cueste menos dinero tener una calle bien urbanizada con buenas tapas de alcantarilla, menos propensas a romperse y producir accidentes.
Senserrich teorizaba en el artículo sobre el quijotismo de la izquierda española (europea en realidad) empeñada en combatir algo que a nadie importa, mientras que la derecha, limitándose a recitar los problemas de los ciudadanos sin dar una sola solución, gana elección tras elección... pero, desde mi modestia, creo que se confunde en una aspecto. El visceral e injustificado ataque al TTIP no es quijotismo, es parte de una táctica mucho más amplia, entiendo que improvisada pues no responde a un plan preconcebido, que busca aspectos complejos de la realidad para declararlos "malos" y combatirlos, obtener pequeñas victorias con las que tratar de convencer al ciudadano, que prefiere "no saber", de que están defendiendo sus intereses.
Antes del TTIP fue el fracking, antes los transgénicos, la energía nuclear o una reforma de la contratación laboral bien planificada... da los mismo. Los argumentos contra el TTIP no se sostienen. No resisten el menor análisis, pero utilizan las palabras clave, aquellas que dan miedo y que nos impiden pensar: cáncer, peligro en la alimentación de nuestros hijos, secreto, conspiraciones y, por supuesto, un enemigo: las multinacionales... y como pensamos, "es mejor no saber", nos creemos que la legislación europea sobre aditivos alimentarios, por ejemplo, puede reformarse sin que nos enteremos, algo que no tiene ni pies, ni cabeza.
La fabricación de una mayonesa industrial comienza en Brasil o Argentina donde se cultiva la soja. Se recolecta, se carga en grandes barcos que viajan hasta el abra exterior del puerto de Bilbao, donde descargan las semillas en una fábrica ubicada al borde del mismo muelle.
Si presionamos una aceituna lo suficiente, produciremos aceite (el llamado virgen extra), sin embargo una semilla de soja, que contiene un 20% de un aceite vegetal de buena calidad, de sabor más neutro que el de oliva, mucho más barato y con un magnifico equilibrio nutricional de ácidos grasos, por mucho que la apretemos, no rezumará más que un mínimo porcentaje de ese aceite.
En esta fábrica, muelen y laminan las semillas y se mezclan con un disolvente orgánico, el hexano de grado alimentario, uno de los productos estrella de las refinerías de petróleo. Vigilado hasta el extremo en su pureza y calidad.
El disolvente arrastra el aceite y deposita las partes sólidas de las semillas, mayormente proteínas vegetales de gran calidad que se utilizan en la fabricación de piensos. La mezcla de aceite y hexano es sometida a un proceso de stripping y refino, que elimina el hexano del aceite, que, una vez analizado en laboratorio, queda listo para consumo humano.
Uno de los destinos de ese aceite es otra fábrica, al otro lado de la ría, en la que se utiliza, entre otras muchas cosas para elaborar mayonesa, o ketchup, o margarina... de marcas muy conocidas. Un producto de gran calidad, probadamente seguro y que todos hemos consumido y saboreado.
A lo largo del siglo XX y lo que llevamos del XXI, la incidencia de toxinfecciones alimentarias y las muertes de ellas derivadas, por ejemplo, de la salmonelosis, ha descendido dramáticamente.
La industria, haciendo bien su trabajo, ha conseguido que un producto tan seguro y de tanta calidad tenga un precio accesible para prácticamente todas las capas sociales, no permitiendo, como sucedía en otros tiempos, que la enfermedad tenga mayores incidencias según la capacidad adquisitiva de los individuos.
"Es mejor no saber"... pues, ¿qué quieren que les diga?, yo prefiero saber. Saber cómo se elabora un producto que consumo. Ser consciente de que no es un producto "artesanal", fabricado ilegalmente en el garaje de un domicilio particular, con instrumentos de dudosa higiene y utilizando huevos que se han pasado días sin refrigeración... yo prefiero saber y, como adulto, valorar y decidir.
Prefiero saber que la industria y las autoridades hacen bien su trabajo y que sí, que hubo un tiempo en el que toda la comida era ecológica, no había vacunas, ni productos químicos. Se llamaba edad de piedra y 9 de cada 10 niños no llegaban a ser adultos.
En la era de Internet ya no hay excusa. Comprueben siempre lo que les cuentan. Enseñen a sus hijos a investigar, pensar, valorar y tomar sus propias decisiones. Ser libres para decidir es la base de la democracia y, el conocimiento, es la base sobre la que podemos y debemos decidir.
Siempre es mejor saber.
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viernes, 6 de noviembre de 2009
El REACH y los alimentos no.... pero sí

Así, entre ustedes y yo: les voy a decir a los chicos y chicas de REACH Ederto que si quieren tener un blog que se pongan uno para ellos... me mandan hasta 3 colaboraciones semanales y ya no doy abasto ni para leerlas.... (no, en serio, es un lujazo contar con expertos hablando de los temas de interés de AVEQ-KIMIKA).
Hoy nos manda Iratxe Escudero una entrada sobre un tema que uno de nuestros contertulios habituales (AlyCie) domina especialmente: el REACH y la alimentación. Seguro nos hace alguna aportación interesante.
Les dejo con Iratxe, aunque ya les adelanto que da la información a borbotones y, a veces, no es fácil seguirla:
Durante el año 2009, se ha intensificado la labor de control de los contaminantes en alimentos. La necesidad de mantener el contenido de los contaminantes en niveles aceptables desde el punto de vista toxicológico es una de las prioridades del marco regulador de la UE. Es necesario contar con una legislación armonizada para evitar la disparidad de los límites de ingesta admisibles.
REACH no exige el registro de todas las sustancias químicas. El uso de sustancias químicas en ciertos sectores de la industria como, por ejemplo, la industria alimentaria, está exento ya que dichas sustancias están controladas por otras leyes de la UE. Los ingredientes alimentarios que ya estén controlados por el Reglamento de Principios Generales de la Legislación Alimentaria 178/2002, no tendrán que registrarse con REACH. Sin embargo, el uso de otras sustancias químicas en esta industria, como en el caso del envasado y materiales de limpieza, sí deberá registrarse. El REACH es una de las herramientas para acabar con la falta de datos sobre las propiedades y usos de sustancias como dioxinas y furanos, cuya exposición en los países industrializados es elevada, de acuerdo a la información manejada por la UE. A su debido tiempo, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), principal organismo de la UE para evaluar la seguridad de los alimentos, evaluará el impacto de REACH en la industria alimentaria. Es posible que la implantación de REACH produzca un cambio en el sistema de evaluación de riesgos dentro de la industria alimentaria a nivel europeo.
Además, entre los objetivos de REACH está el control de las liberaciones al medio ambiente, y a través de éste su acceso a los alimentos, de las sustancias químicas artificiales más preocupantes.
Se calcula que los ciudadanos europeos consumen entre 60% y un 130% de la ingesta mensual tolerable recomendada por la Organización Mundial de la Salud y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).
Algunos pescados, leche o carne pueden esconder sustancias no deseadas, compuestos tóxicos. Los últimos estudios realizados intentan detectarlos y determinar cuáles son los posibles efectos en el organismo humano, para fijar límites de ingesta seguros. Estos tóxicos se añaden al alimento por diferentes vías: fertilizantes, herbicidas agrícolas o contaminantes industriales, entre otros. El agua potable es una de las fuentes con mayor concentración de arsénico, con el consiguiente riesgo para los cultivos que reciben el riego de esta agua. Los estudios realizados revelan que la exposición a esta sustancia oscila entre 0.50 y 2.66 mg/kg de peso corporal al día.
El arsénico es, junto al plomo, el cadmio y el mercurio, uno de los metales pesados que forman parte del medio ambiente, de forma natural o por la acción humana, y que tienen capacidad para entrar en la cadena alimentaria. La exposición a través de la dieta y sus efectos pueden minimizarse con estrictas medidas de control. El pescado, especialmente vulnerable a las aguas contaminadas, es atacado con más frecuencia por estos contaminantes por estos contaminantes medioambientales. Los productos de pesca son la principal fuente de arsénico en la dieta de la población medio adulta según estudio de 2004 realizado por la Comisión Europea.
Este metal aparece en dos formas: inorgánica y orgánica. La primera es la más tóxica. Los alimentos que contribuyen en mayor medida a su exposición diaria son los cereales en grano y derivados, el agua embotellada, el café y la cerveza, el arroz en grano, el pescado y las hortalizas.
Tras realizar un estudio en 19 países de la UE, el grupo de expertos ha estimado reducir la dosis de referencia entre 0.3 y 0.8 mg/kg de peso corporal al día. Los efectos nocivos descritos hasta ahora tras exposiciones prolongadas engloban lesiones, enfermedades cardiovasculares y algunas formas de cáncer.
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Hoy nos manda Iratxe Escudero una entrada sobre un tema que uno de nuestros contertulios habituales (AlyCie) domina especialmente: el REACH y la alimentación. Seguro nos hace alguna aportación interesante.
Les dejo con Iratxe, aunque ya les adelanto que da la información a borbotones y, a veces, no es fácil seguirla:
Durante el año 2009, se ha intensificado la labor de control de los contaminantes en alimentos. La necesidad de mantener el contenido de los contaminantes en niveles aceptables desde el punto de vista toxicológico es una de las prioridades del marco regulador de la UE. Es necesario contar con una legislación armonizada para evitar la disparidad de los límites de ingesta admisibles.REACH no exige el registro de todas las sustancias químicas. El uso de sustancias químicas en ciertos sectores de la industria como, por ejemplo, la industria alimentaria, está exento ya que dichas sustancias están controladas por otras leyes de la UE. Los ingredientes alimentarios que ya estén controlados por el Reglamento de Principios Generales de la Legislación Alimentaria 178/2002, no tendrán que registrarse con REACH. Sin embargo, el uso de otras sustancias químicas en esta industria, como en el caso del envasado y materiales de limpieza, sí deberá registrarse. El REACH es una de las herramientas para acabar con la falta de datos sobre las propiedades y usos de sustancias como dioxinas y furanos, cuya exposición en los países industrializados es elevada, de acuerdo a la información manejada por la UE. A su debido tiempo, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), principal organismo de la UE para evaluar la seguridad de los alimentos, evaluará el impacto de REACH en la industria alimentaria. Es posible que la implantación de REACH produzca un cambio en el sistema de evaluación de riesgos dentro de la industria alimentaria a nivel europeo.
Además, entre los objetivos de REACH está el control de las liberaciones al medio ambiente, y a través de éste su acceso a los alimentos, de las sustancias químicas artificiales más preocupantes.
Se calcula que los ciudadanos europeos consumen entre 60% y un 130% de la ingesta mensual tolerable recomendada por la Organización Mundial de la Salud y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).
Algunos pescados, leche o carne pueden esconder sustancias no deseadas, compuestos tóxicos. Los últimos estudios realizados intentan detectarlos y determinar cuáles son los posibles efectos en el organismo humano, para fijar límites de ingesta seguros. Estos tóxicos se añaden al alimento por diferentes vías: fertilizantes, herbicidas agrícolas o contaminantes industriales, entre otros. El agua potable es una de las fuentes con mayor concentración de arsénico, con el consiguiente riesgo para los cultivos que reciben el riego de esta agua. Los estudios realizados revelan que la exposición a esta sustancia oscila entre 0.50 y 2.66 mg/kg de peso corporal al día.
El arsénico es, junto al plomo, el cadmio y el mercurio, uno de los metales pesados que forman parte del medio ambiente, de forma natural o por la acción humana, y que tienen capacidad para entrar en la cadena alimentaria. La exposición a través de la dieta y sus efectos pueden minimizarse con estrictas medidas de control. El pescado, especialmente vulnerable a las aguas contaminadas, es atacado con más frecuencia por estos contaminantes por estos contaminantes medioambientales. Los productos de pesca son la principal fuente de arsénico en la dieta de la población medio adulta según estudio de 2004 realizado por la Comisión Europea.
Este metal aparece en dos formas: inorgánica y orgánica. La primera es la más tóxica. Los alimentos que contribuyen en mayor medida a su exposición diaria son los cereales en grano y derivados, el agua embotellada, el café y la cerveza, el arroz en grano, el pescado y las hortalizas.
Tras realizar un estudio en 19 países de la UE, el grupo de expertos ha estimado reducir la dosis de referencia entre 0.3 y 0.8 mg/kg de peso corporal al día. Los efectos nocivos descritos hasta ahora tras exposiciones prolongadas engloban lesiones, enfermedades cardiovasculares y algunas formas de cáncer.
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