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jueves, 19 de octubre de 2017

Recuerdo que aquel día llovía en Bilbao



Recuerdo que aquel día llovía en Bilbao. Había pasado el mes de agosto con mucho calor y la gente comentaba que ya era hora, que se echaba de menos la lluvia.

Jonkar, como llamaba todo el mundo a Juan Carlos, vino con su hermano a verme a la oficina. Su hermano Andoni era bastante más joven que él, yo le conocía hace tiempo, pues era un abogado al que recurría de vez en cuando CCOO para negociar convenios de empresa y mediaciones en conflictos colectivos. Un tipo serio, y cuyo conocimiento y coherencia se habían ganado el respeto de todos, en el siempre complicado ambiente de las relaciones laborales en Euskadi.

Jonkar me había llamado la noche anterior al móvil y me había pedido que habláramos por la mañana temprano. Le ofrecí tomar un café en algún sitio de Bilbao o desplazarme yo hasta su fábrica, en el Duranguesado. Por su negativa tajante – “si no te importa, prefiero un sitio más discreto”-, la urgencia y por el color de su cara cuando nos encontramos, diría que pude imaginarme de qué se trataba.

En el despacho, Jonkar apenas habló.

- Este es muy burro, – me decía Andoni - ya recibió una carta a principio de año y otra antes de verano y no se lo dijo a nadie. Las rompió y se fue a Medina con la mujer y los nietos en agosto, como si tal cosa.

Jonkar se limitaba a asentir con la mirada perdida en ninguna parte.

- Ahora le han mandado otra carta, pero esta a su hija, que vive en Bilbao - siguió Andoni -  y en ella citan los nombres y el colegio de los dos nietos y, claro, Teresa, la mujer, se ha enterado y anda mal de salud... Le dio un ataque y lleva dos días en Cruces ingresada. Con la tensión por las nubes y una ansiedad cada vez que se acuerda del tema que... en fin.

Andoni tragó saliva y continuó:

- Dicen que ya es el tercer aviso y piden 200.000 €.

- No los tengo - interrumpió Jonkar - no los tengo. ¿Tengo que pedir un préstamo para pagarles?

Jonkar empezó Bachillerato, pero no lo terminó. Huérfano de padre unos años antes, renqueó en los estudios, sobre todo por no disgustar a su madre, hasta que no pudo más.

Se apuntó a una FP de informática, pero tampoco era lo suyo. Lo que siempre se le había dado bien era la gente. Ser simpático y abierto. En todos los pueblos del Duranguesado, no sólo en el suyo, todo el mundo le saludaba por la calle. Todos le conocían cuando entraba en cualquier bar.

Y precisamente por eso, comenzó a vender. Y era un comercial muy bueno. Empezó vendiendo tornillos, después herrajes para puertas y, durante bastantes años, trapos y cotones para recoger grasas y aceites en las fábricas. Vendió casi de todo.

Allá por el año 2000, un conocido suyo de Valencia le propuso asociarse como autónomos, en un negocio: había comenzado a importar unos lavavajillas de Hungría muy compactos, para lavar en ciclos muy cortos vasos, copas y tazas en los bares, muy baratos y extraordinariamente resistentes. Duraban una eternidad y no tenían averías.

Jonkar se hizo cargo de Cantabria, Euskadi, Navarra y La Rioja y, tipi-tapa, tipi-tapa, a ello se puso, a hacer kilómetros, a visitar bares, restaurantes y asociaciones de hostelería.

Transcurridos unos años, las ventas no podían ir mejor. Su amigo valenciano se había retirado y ahora trataba directamente con los húngaros, que etiquetaban el producto con su marca. Libre de las limitaciones territoriales iniciales, había hecho bastante ventas en Aragón, en Burgos y en Asturias, pero la verdad es que apenas alcanzaba a servir los pedidos que tenía en Euskadi.

Tenía ya cuatro empleados. Dos chicos en el almacén, una administrativa muy eficaz y un comercial, que fue compañero suyo de curso en el colegio, que le ayudaba. Los cuatro eran del pueblo, o casi, y se los encontraba habitualmente tomando txikitos, comprando el pan o en la fiesta de la ikastola.

Las cosas iban bien y, sin embargo, Jonkar no terminaba de estar contento. Pensaba que, una vez hecha la venta, como el producto era tan estupendo, lograba un cliente muy satisfecho, al que ya no vendía nada más.

Dando vueltas al problema, se le ocurrió distribuir también el detergente para el lavavajillas pero, haciendo muchos números vio claro que no compensaba, que el margen era muy pequeño.

Una noche de fiestas, hablando durante la cena en la sociedad con un amigo del pueblo, un químico jubilado que había trabajado en una fábrica en Galdakao, le explicó que los proveedores de productos químicos para fabricar detergentes le podían dar toda la información de formulas y equipos necesarios. Que la instalación no era muy compleja y que él mismo le echaría una mano.

Se puso en marcha, pero no se detuvo en el detergente y presentó a sus clientes la línea completa de productos químicos que un local de hostelería puede necesitar: jabón lavamanos, desengrasantes, ambientadores, friegasuelos…

Fue entonces cuando se asoció a AVEQ-KIMIKA, pues las licencias y permisos, el registro de productos, las obligaciones de transporte de mercancías peligrosas, la normativa de etiquetado le superaba y necesitaba ayuda para ponerse al día con la normativa.

Y la idea funcionó. Tanto es así que a los pocos meses de superar la pesadilla burocrática de poner en marcha una actividad empresarial, había tenido que contratar a dos chicos más y a un químico, cuya tarea inicial era la de poner en marcha un pequeño laboratorio para análisis e ir pensando nuevos productos.

- Y dicen que contactemos “con los círculos habituales de la Izquierda Abertzale de su municipio”… ¿entramos al Herriko y preguntamos por alguien?... ¡esto es ridículo!

- ¿Quién les habrá ido con el cuento?... aunque en el pueblo nos conocemos todos… y desde hace tiempo ya notaba yo que había miradas raras. ¿No habrá sido alguien de la fábrica?.... - se preguntó Jonkar, y volvió a ensimismarse, mirando la pared.

- Y se compra un coche nuevo en marzo y va a enseñarlo en la plaza del pueblo a todo el mundo. – reprochó Andoni. - Ahora, la mitad del pueblo no nos habla y, por supuesto, hay bares a los que ya no entramos.

- ¿Y qué quieres?, ya estaba encargado… por fin, después de tantos años de esfuerzo, de reinvertir y reinvertir y reinvertir, estoy teniendo una cierta holgura y me di un capricho. Y no quise Mercedes para que no hablaran... ¡si es para trabajar!, le hago casi 200.000 km al año.

Se hizo el silencio un segundo.

- ¿Qué nos aconsejas que hagamos?

- Bueno, ya sabéis que esto no es mi especialidad - respondí - pero el único consejo que puedo daros, y que damos desde las asociaciones, es no pagar y acudir a la Ertzaintza cuanto antes. Te acompañaremos para hablar con ellos. Si pagas ahora, además de ceder a un chantaje, estarás pagando siempre.


En noviembre, alguien pintó su nombre dentro de un punto de mira con spray rojo en la persiana de la nave.

En diciembre, una noche de kale borroka por todo el pueblo, quemaron un cajero frente a su casa y lanzaron un cóctel molotov contra su portal. Teresa tuvo un ataque de nervios y esa noche la pasaron en casa de la hija, en Bilbao.

En enero, tras una visita rutinaria, el médico les dijo que, probablemente no fuera nada, pero que había que hacer una biopsia al bulto que tenía la hija en el pecho.

Teresa, sentada junto a su hija, apenas dijo entre dientes “¿Cáncer?”, se desvaneció y cayó al suelo.

La ingresaron de inmediato con un diagnóstico de infarto cerebral. Murió tres días más tarde sin haber recuperado la conciencia.

Jonkar cayó en una profunda depresión. La empresa cerró, tras casi un año de desconcierto, unos meses antes del anuncio del “cese de la actividad armada”. Sus lavavajillas siguen funcionando en decenas de bares de todo Euskadi.

Según creo, el comercial y uno de los operarios de almacén, aunque han tenido algún trabajo breve en estos años, siguen en el paro.

Hace un par de años me encontré con Andoni en una fábrica. Me dijo que, gracias a la medicación, su hermano había salido del pozo negro en el que estuvo casi tres años metido, que incluso le llevó a estar ingresado en Zamudio. Vivía con la hija, pero apenas hablaba y nunca salía de casa.

Le di un abrazo, algo que sorprendió mucho tanto a los representantes de la empresa, como a los miembros del comité de empresa que nos vieron. Fue una mediación tranquila que se resolvió con un buen acuerdo.


Mañana, viernes, 20 de octubre, las asociaciones que representamos al empresariado vasco, agrupadas en torno a Confebask, ADEGI, CEBEK y SEA, hemos organizado un acto homenaje a los hombres y a las mujeres que tuvieron que soportar la violencia y el infierno de un chantaje mafioso, especialmente duro por ser justificado e inclusión apoyado por una buena parte del círculo social de sus víctimas. Un homenaje a los que lo resistieron y a los que, como Jonkar, no fueron capaces.

Hace un par de días, un renombrado líder de los “círculos habituales de la izquierda abertzale” se mostraba entre sorprendido e indignado porque Confebask no le hubiera invitado a dicho acto.

¿Qué quieren que les diga?... supongo que llegará el día que podamos superar todo aquello, un día en el que el olvido nos lleve al perdón. Pero, es pronto. Ese día aún no ha llegado.


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jueves, 8 de mayo de 2014

Luis Fernández es empresario


El mundo está cambiando y está cambiando rápido. En la esencia misma del ser humano está su carácter social, y la comunicación, como instrumento propio, imprescindible y necesario para cualquier relación social, ha cambiado radicalmente en muy poco años por culpa de Internet.

Hoy en día interactuamos socialmente, en tiempo real, con familiares que están de viaje en Tanzania, amigos de la infancia que se fueron a vivir a Costa Rica o un compañero de trabajo en viaje de negocios en China y, salvo por los problemas que genera el cambio horario, socialmente, es casi como si esas personas, estando a miles de kilómetros de distancia, vivieran en nuestra misma aldea. En la “aldea global” que predijo Marshall McLuhan, que, en el momento de su muerte en 1980, supongo no sería consciente de hasta que punto hoy es una realidad.

En esta imparable marea de cambios, en los últimos tiempos, el ámbito más privado ha sido revolucionado por Whatsapp (¿cómo organizábamos una comida de la cuadrilla de amigos antes de que existiera Whatsapp?) y en el ámbito más público, por Twitter.

Quizás sean solamente modas, algunos lo afirman con convicción, pero personalmente creo que esas herramientas concretas, u otras similares que las sustituyan, han venido para quedarse. Son rápidas, sencillas, directas, no es necesario, ni posible por otro lado, escribir grandes peroratas. Gracias a ellas, la comunicación se ha acelerado y se ha simplificado, acercándose al lenguaje oral, que por otro lado es el natural y propio de nuestra especie.

Para que me entiendan: enviar una carta en tiempos de Voltaire era caro y llevaba mucho tiempo. En el siglo XVIII, cuando el filósofo francés escribía al rey de Prusia, tenía que entregar la carta a un mensajero a caballo y que, mediante relevos, podía tardar un par de semanas en llegar a Berlín. Obviamente las cartas tenían largas extensiones, 15, 20 ó incluso más pliegos de papel. No iban a hacer todo ese esfuerzo para preguntar: “¿Qué tal llevas la mañana?” o para mandarle una imagen del amanecer que estuviera en ese momento contemplando.

Twitter, con su limitación de 140 caracteres por mensaje, ha simplificado la opinión pública, quizás en demasía y, en muchas ocasiones, esa opinión se mueve únicamente por tópicos y lugares comunes. En un mensaje tan corto y simple, es mucho más fácil favorecer el tópico socialmente asentado que tratar de explicar porque dicho tópico está equivocado.

Pues bien, uno de los tópicos que más me molestan de Twitter es ese que dice “El emprendedor es bueno, el empresario es malo”… cuando realmente, todo emprendedor, a lo único que aspira es a ser empresario. Un empresario, uno que ejercer como tal, es poco más que un emprendedor que ha tenido éxito.

Ya les he hablado de esto alguna vez en este mismo foro, hace quizás demasiado tiempo, pero, aprovechando que el próximo martes día 14 de mayo, a las 11:45 horas, en el Palacio Euskalduna de Bilbao, como acto central de la asamblea general de CEBEK, se celebra una jornada-debate titulada: “La empresa y el empresario, motores de la recuperación y el desarrollo económico”, destinada a poner en valor ante la sociedad el papel de los empresarios y que en el mismo interviene Luis Fernández, presidente del Grupo Vicrila, me voy a permitir ponerles en una tesitura y que traten de darme una respuesta, a un supuesto que les planteo, en menos de 140 caracteres.

Imagínense la siguiente situación: son ustedes el director o directora general de una fábrica, situada al borde de la ría de Bilbao, que emplea a más de 400 personas y que pertenece a un multinacional europea, líder mundial en la fabricación de vidrio hueco (vasos y copas) para menaje de hogar y hostelería.

La crisis de consumo, el descenso en la natalidad europea e incluso el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, llevan a una clara situación de exceso de oferta a nivel europeo y la empresa matriz plantea abiertamente el cierre de la planta vasca, que, a pesar de todo no ha hecho malos números en los últimos años, para favorecer la recuperación de las plantas en el país del que es originario la multinacional, donde sí que hay graves pérdidas, y evitar cierres allí.

Digamos que ustedes, en ese momento, rondan los 55-60 años. Llevan muchos años trabajando en la compañía y tienen un contrato de alta dirección con una indemnización por despido no desdeñable. Han sido previsores y cuentan con un bien planificado y dotado plan de pensiones.

La oferta de la multinacional es la de rescindir su contrato, cobrar su indemnización y marcharse, y traer alguien de fuera que se haga cargo de los despidos, liquidar contratos y cerrar las instalaciones.

Con los años que les quedan para la edad de jubilación y una parte del dinero que perciban en el despido, ustedes podrían firmar un convenio especial con la Seguridad Social y jubilarse dentro de unos años con la pensión máxima, bien complementada por el plan de pensiones privado. Económicamente, apenas notarían el cambio.

Sus hijos trabajan en sus propios empleos y son profesionales de éxito. Tanto sus pareja como ustedes mismos gozan de muy buena salud y, la verdad tienen pendientes un montón de viajes que hacer… a Argentina, a Nueva Zelanda, a Canadá…. que no hicieron cuando eran jóvenes por falta de dinero y que después no han podido hacer por falta de tiempo.

Terminada la reunión en la que sus jefes europeos les hacen esa propuesta, tras dejarles en el hotel de Getxo donde están alojados, mientras conducen camino de casa, se les ocurre una idea.

Y, al llegar a casa, se la explican a su pareja, que aunque estaba ya en la cama cuando llegan, todavía en su rato de lectura de antes de dormir:

Los jefes me han ofrecido esto… pero yo les voy a proponer otra cosa: voy a comprarles las acciones de la fábrica y a hacerme cargo. Trabajaré sin descanso 14, 15, 16 horas diarias durante, al menos, los próximo 10-12 años, sin fines de semana, ni vacaciones, al menos los primeros 5 años.

Arriesgaré nuestro patrimonio en el empeño, incluidos nuestros ahorros, el plan de pensiones y esta casa.

Si sale mal, y tenemos que cerrar, seré yo el blanco de las iras de los sindicatos y es seguro que me acosarán, o incluso puede que me agredan en la  fábrica o que nos acosen aquí en casa.

Pero si sale bien… bueno, quizás tengamos que reestructurar algunas cosas y prejubilar a algunos trabajadores pero no despediremos a nadie… al menos, no de manera traumática.

¿Qué te parece?

¿Podrían resumirme, en 140 caracteres, qué les respondería su pareja?...  yo tengo bastante claro qué le diría a la mía… y me bastaría con 14.


Luis Fernández, presidente del Grupo Vicrila, inaugurará en unos meses una planta de producción en México, como primer paso de su proceso de internacionalización, una vez asentado como uno de los líderes del mercado doméstico.

Luis Fernández es empresario.

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domingo, 9 de diciembre de 2012

¿Liberado?


Les confieso que, en una primera lectura, muy poco reflexiva la verdad, me ofendí. Me ofendí y reaccioné de forma inapropiada. Yo también había caído en la trampa.

El caso es que Juan Torres López, catedrático de Economía de la Universidad de Sevilla, escribía un artículo, al hilo del este otro de Ana Tudela periodista del diario Público, en los que ambos caían en la trampa que, hace ya tiempo, les tendió Esperanza Aguirre.

La por entonces presidenta de la Comunidad de Madrid anunció una especie de cruzada contra los liberados sindicales que, según su interpretación, no son más que una lacra para las empresas, para su competitividad y para la economía en general.

En primer lugar quizás convenga aclarar un poco el concepto: Nos referimos a "liberados sindicales" a aquellas personas a las que, a pesar de no trabajar en sus empresas, éstas les siguen abonando la nómina. No, no se crean que la empresa les regala nada, esto se produce porque el resto de sus compañeros renuncian a las horas de liberación sindical que por convenio les pueden corresponder y las ceden a una sola persona, de forma que ésta puede dedicarse a la representación sindical a tiempo completo. Insisto, la empresa no regala nada.

Ya en su momento lo comenté por aquí: los liberados sindicales tienen una función importante en el justo equilibrio para el ámbito social de la Sostenibilidad de las empresas. Su labor es la de defender los derechos de los trabajadores y frenar los posibles abusos. En realidad, son como los sistemas de seguridad de una industria, son caros de instalar y costosos de mantener, en la mayor parte de las empresas de AVEQ-KIMIKA nunca serán necesarios, pero deben estar ahí.

Obviamente, como en todo colectivo humano, hay abusos y caraduras. Conozco un buen montón de liberados sindicales y la mayoría de ellos son personas responsables y trabajadoras que trajinan muchas horas, haciendo muchos kilómetros de carretera a horas intempestivas, visitando fábricas, negociando convenios y asesorando trabajadores, haciendo horarios que van mucho más allá de las 8 horas al día.

Conozco también unos cuantos liberados sindicales que abusan. Pero no muchos más que periodistas caraduras, catedráticos de universidad caraduras... o abogados caraduras.

Digo que Ana Tudela y Juan Torres López, dos avezados columnistas en medios de la izquierda, en lugar de dar esta sencilla explicación (o una parecida), cayeron en la trampa neoliberal de Esperanza Aguirre, y digo que picaron el anzuelo porque, en lugar de responder con dignidad, cayeron de cabeza en el "y tú más", como si decir que las patronales tienen "35.000 liberados" fuera una especie de contrapunto a las diatribas de la ex-presidenta.

Quizás tuvo algo que ver, aunque no he leído suficiente a ninguno de los dos como para afirmar o negar tal cosa, que la izquierda guay y moderna también desprecia a los sindicatos...  en fin, no lo sé... el caso es que me ofendí. Y puede ser que me ofendiera sin motivo pues la palabra "liberado" no puedo considerarla un insulto.

O, bueno, quizás sí algún motivo sí que tenía... porque cuando se lee el párrafo completo del Señor Torres López, hay poco margen para equívocos:

"(La patronal española) Ha estado y está dominada por personas cuya trayectoria no ha sido precisamente la que podría servir a la sociedad como referencia de la excelencia, el riesgo y el buen hacer productivo de un empresario ejemplar. Y no me refiero solo a sus presidentes sino a los más de 35.000 liberados (por cierto, casi 8,5 veces más de los que tienen los sindicatos) que mantienen las diferentes organizaciones patronales."

Pues sí, yo trabajo en una pequeña organización que forma parte de CEBEK, de FEIQUE, de Confebask y de la CEOE. Sí, soy uno de esos "35.000 liberados", aunque no sé muy bien "liberado" de qué.

Dedico mi día a día, por ejemplo, a explicar a un empresario (uno de tantos...) que fabrica jabones y detergentes para hostelería de Ugao-Miravalles (Bizkaia), que tiene 4 personas contratadas, y que se pasa todo el día visitando clientes, vendiendo, qué tiene que hacer para cumplir un Reglamento Europeo de 1.200 páginas (uno de tantos...), que dice cómo tiene que ser el etiquetado de seguridad de sus productos.

Si los "liberados sindicales" pueden equipararse a las inversiones no-productivas en seguridad, en mi caso, en nuestro caso, en el de la inmensa mayoría de esas 35.000 personas, somos inversiones productivas, muy productivas. Ese empresario de Ugao-Miravalles, ese que gestiona su pequeña empresa con esfuerzo, "excelencia, riesgo y buen hacer productivo" no puede permitirse contratar 2 abogados y 2 técnicos que le asesoren sobre seguridad y medio ambiente, pero puede aliarse con 124 empresas y empresarios (sí, también cooperativas o sociedades laborales...) para compartirlos... y eso, se pongan ustedes como se pongan, es una asociación empresarial.

Aunque quizás lo que más me molesta de esta corriente de opinión es cuando se insinúa que los comités de dirección de nuestras organizaciones son "poltronas". Es en esas "poltronas" donde los empresarios  colaboran con AVEQ-KIMIKA. Empresarios que sacan tiempo de debajo de las piedras (en realidad, de robárselo a sus familias) para echar una mano. No cobran ni un duro, por supuesto, es más, asistir a las reuniones les cuesta dinero, y todavía tienen que oír por ahí comentarios tan poco documentados.

En fin... creo que ya estoy mejor. Este desahogo del blog es muy buena terapia. 

Aunque ese desahogo no me servirá de nada mañana, cuando suene el despertador a las 6:15 y no vea a mi hija en todo el día. Me marcharé de casa antes de que se despierte y regresaré cuando ya esté dormida, algo que me enfada y me avergüenza pero que a veces me sucede. He quedado con un empresario a las 8:00, para hablar de su almacén de productos químicos y tengo una reunión con el Colegio de Químicos a última hora de la tarde.

Cuando entre en cuarto de mi hija de puntillas, con los zapatos en la mano y con la corbata todavía a medio desatar, me acordaré del artículo del Sr. Torres López y, al darle un beso en la frente, pensaré:

- "¿Liberado?... ¡jo, que bien vivo liberado!"


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viernes, 11 de diciembre de 2009

El Reglamento REACH y el Reglamento CLP (o GHS) en una empresa pequeña... ¿una historia con final feliz?.... (II)


(Fotografía cortesía de Goieki)


La decisión no ha sido fácil. Lo han hablado con mujer e hijos. Han visto pros y contras y han tomado una decisión.

Lo cierto es que vender la fórmula es lo más cómodo y tentador. Sin duda. Y el dinero que les ofrecen les llega para ampliar el almacén, comprar un par de furgonetas, abrir la delegación en Huesca o en Jaca (cada vez tienen más obras en Pirineos)... para que se compren una casa en la playa, dar la vuelta al mundo con parada en las islas Fidji y todavía les sobra...

Por otro lado, le han enseñado el borrador de contrato que les ofrece la distribuidora a Juanito "Purrua" (se apellida Irarzabal pero "purrua" es el mote de toda la familia) que estudió en Pamplona la carrera y ahora es el director de la sucursal de la Caja Laboral del pueblo y les ha dicho que, con esas condiciones, les prestan el dinero para constituir una SL, montar la nave, con maquinaria y todo, y que casi, casi podrían ganar dinero desde el primer año...

Al final, se decidieron por montar la fábrica.. y casi lo que más pesó en la decisión fue tener un cuñado sin trabajo, algo paradillo pero muy buen chaval, que estudió en el Instituto de Maquina Herramienta de Elgoibar y que podría hacer un buen papel como encargado de la fábrica. Calculan que, a pleno rendimiento, con cuatro o cinco chavales sería suficiente.

Así que allá por principios de 2008, al 50% con la mujer, van a la notaría a Beasain y firman para constituir Adhesivos del Goierri, S.L. Alquilan una nave, encargan a una ingeniería de allí mismo, de Beasain, una que trabaja mucho con C.A.F., el diseño y montaje de la maquinaria y del almacén (con la legalización incluida, según te han aconsejado en Goieki) y tras licencia de actividad, licencia de equipos a presión de industria, caldera, legalización de la APQ del almacén, inscribirse en no se qué registro del Gobierno Vasco de emisión de COVs (¿o era VOCs?...), contratar un servicio de prevención para que evalúe los puestos, hagan el plan de prevención... después de un montón de formularios, instancias y permisos.... todo está listo.

En un principio, contratan a dos chavales para trabajar en turno de mañana en la planta y, junto con el cuñado, se ponen manos a la obra.

Al poco de empezar, se dan cuenta de que les hace falta un químico. En los contratos se han acordado una serie de especificaciones técnicas (viscosidad y cosas así...), y necesitan un técnico para hacer el control de calidad.

Hacen unas cuantas entrevistas y con el inestimable consejo y apoyo de Goieki (no son capaces de imaginar cómo puede alguien montar una empresa en este país sin la ayuda de Goieki...), contratan una chica joven de Segura, Sandra se llama, que hizo la carrera en Donosti y tiene el título de prevención.

Sandra es un puro nervio. Todo actividad. Pone en marcha la certificación de calidad en ISO-9001, tiene firmes a los del servicio de prevención, acude a cursos en Adegi, allí le recomiendan que vaya a uno en Bilbao de la Asociación de Químicas y, cuando vuelve.... empieza a liarnos la cabeza con el etiquetado y la Ficha de Datos de Seguridad.

Les intenta explicar algo de que la norma ha cambiado pero no ha cambiado y va a cambiar... que para el 2015 habrá que usar otras etiquetas en el pegamento...

- ¿2015?, ¿y para que hablamos de algo que va a suceder dentro de tanto tiempo?

- Es que entre medias hay algunos cambios de clasificación. Además, tenemos que hacer una etiqueta correcta ahora mismo y una Ficha de Datos de Seguridad, preparar la etiqueta que habrá que poner el año que viene, estar atentos a que nuestros proveedores registren la sustancias y nuestro uso en la agencia en Helsinki...

- ¡¿Helsinki?!

- Y, además, han cambiado la clasificación del DIBP.

- Pero... ¿qué leches es eso de DIBP?

- Di-isiobutil ftalato, hombre...

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miércoles, 9 de diciembre de 2009

El Reglamento REACH y el Reglamento CLP (o GHS) en una empresa pequeña... ¿una historia con final feliz?.... (I)


(Voy a transgredir la línea editorial de este blog. En teoría, todas las entradas sobre REACH y GHS se publicarían en inglés, a ver si así, alguien en Bruselas o Helsinki, se entera de la opinión de las pymes sobre la que están liando con estos dos temas. En este caso haremos una excepción, no sé muy bien si por el puente y es que estoy perezoso o porque no lo entiendo ni yo mismo en castellano como para hacerlo en inglés... bueno, si me "da el punto" lo traduzco.... además, creo que a las empresas más pequeñas del sector, menos dadas al inglés, les viene bien leer un poco lo que puede pasar y como afrontarlo.

Eso sí, espero que alguno y alguna de los super-expertos que se pasan por aquí de vez en cuando, se animen a echarme un mano en aclararme en esta maraña. En realidad, saben mucho más que yo de REACH y de GHS... lo único que pasa es que son más tímidos.)

A lo que vamos:

Venga, les pido un esfuerzo. Pónganse en situación... Aunque se llaman ustedes Pedro María, de siempre, de toda la vida, les han llamado Peru. Nacieron a principio de los 60, en un pueblo del Goierri de Gipuzkoa, con los que andan ya cerca de los 50 “tacos”.

Nunca fueron buenos estudiantes, de hecho su (de ustedes) pobre madre no ganaba para disgustos, y al terminar la escuela y hacer algo de FP con poco éxito, su tío Julián les dio trabajo en su cuadrilla de albañiles. Allí descubrieron algo curioso: que no tenían ningún problema en trabajar duro, de sol a sol, en las obras (a pesar de que siempre les habían llamado “vagos”...) y que se les daba de miedo "enchapar", es decir, poner azulejos en cuartos de baño, cocinas y demás.

A principios de los 90, tío Julián se jubila, la cuadrilla se medio deshace y ustedes empiezan a coger obras por su cuenta, se especializan en la construcción de piscinas y en el complejo enchapado de azulejos pequeñitos en superficies grandes. Y la verdad es que les va de cine. Cada vez tienen más obras y cada vez mejor pagadas.

La verdad es que son ustedes gente de mente inquieta y siempre le dan vueltas a cómo hacer mejor las cosas. Ya hacía tiempo que andaban dándole vueltas a un problema: los "pegamentos" que manejaban para fijar los azulejos no daban buen rendimiento. Desde luego, no eran baratos pero, además, eran complicados de dosificar y aplicar y, además, no aseguraban una fijación a largo plazo... un porcentaje apreciable de azulejos se levantaba con la consiguiente reclamación de los clientes.

Pero allá por 1998 se dieron cuenta de la solución. Hablando con un amigo de la cuadrilla que estudió químicas en Donosti y que trabaja en una fundición, hicieron algunas pruebas y encontraron la formula y el procedimiento preciso: A un pegamento estándar, una resina (así llamada por su parecido físico a la resina, no porque se saque de ningún árbol) de cloruro de polivinilo, en un proceso con calor en el momento adecuado, le añadieron una cierta cantidad un plastificante (Di-isobutil ftalato), una carga de carbonato sódico y un lubricante... compraron una mezcladora con calor de segunda mano a una fundición y la fórmula funciona de lujo.

Desde entonces, hasta la presente situación de crisis, su (de ustedes) cuadrilla se ha convertido en la mejor y más solicitada en la construcción de piscinas y, especialmente, en las complicadas formas de las piscinas, fuentes y bañeras de los balnearios y spás.

Les han llamado de sitios tan alejados como Murcia, Almería o sur de Portugal y, por supuesto, de Madrid para arriba (salvo algo en Cataluña) no tienen rivales. Los diseñadores de las piscinas consultan detalles de sus proyectos con ustedes, incluso antes de entregarlos.

Y como el sector es como un patio de vecinos y todo se sabe, en la competencia ha habido muchos rumores respecto a la “mágica” fórmula del pegamento. Hasta, por hacerle un favor, le envió 5 litros a Germán, que es un colega gallego, que vive en Toledo, y con el que siempre se ha llevado muy bien, eso sí, sin cobrarle nada más que el envío.

De hecho, hace ya algún tiempo, el director comercial para sur de Europa de la principal distribuidora de, entre otras cosas, los productos para fijación de los azulejos, vino a visitarles y les hizo una oferta: les compraba la fórmula por una bonita suma... o bien, se ofrecía a distribuirla a sus (de ellos) clientes por toda España, Portugal, Italia y Francia... y después, probablemente, para toda Europa. Ustedes solamente tendrían que fijar el precio a cambio de la exclusiva y asegurar la capacidad suficiente para fabricar las cantidades que cubran la oferta... el valor percibido por el usuario del nuevo pegamento es muy alto, ahorra mucho tiempo y esfuerzo en la aplicación y da mejor resultado de modo que el margen que pueden fijar es alto... Ustedes saben que el secreto de lo bien que les ha ido hasta ahora el negocio no está en el pegamento... al menos no sólo en el pegamento.

¿Qué oferta aceptarían?... ¿aceptarían alguna?

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miércoles, 27 de mayo de 2009

Ser empresario




En el sector químico sabemos un rato largo de algo llamado "imagen social distorsionada" y lo digo por un caso claro de “imagen social distorsionada” y especialmente injusta. Ayer, en los comentarios que los lectores introducían a la noticia de la rueda de prensa de CEBEK con motivo de su asamblea general que publicaban algunos medios de Internet, se apreciaban muchos comentarios injustamente hostiles, hablando con desprecio de BMWs, casas en Neguri, chalets y viajes a esquiar.

Asumo que las opiniones de estos foros, en los que ni si quiera se firma con el nombre verdadero, se hacen en muchas ocasiones con la intención de provocar... (o bien son en realidad los protagonistas de Alguien Voló sobre el Nido del Cuco) pero, si me lo permiten, después de 12 años de trabajar codo con codo con empresarios, les voy a explicar mi imagen de lo que es un empresario con un par de ejemplos (todo lo que aquí se cuenta es, sencillamente, la verdad, solamente he cambiado los nombres):

Javier ronda ya los 65 años y ha pensado mucho en jubilarse. Javier es de Eibar y estudió, como tantos otros empresarios, en la Escuela de Armería. Al terminar, allá por los 60, se marchó a Inglaterra a trabajar, no tanto porque aquí no hubiera trabajo, sino por el afán de aprender y conocer cómo era la industria en países más avanzados.

Allí aprendió algo que aquí apenas se hacía todavía: envases de plástico por extrusión (es decir, fundir bolitas de un material plástico y hacerlas pasar por una boquilla estrecha que, según la forma de esta, da lugar a tubos, film, planchas…).

Con unos ahorros que tenía, y la confianza de un director de una sucursal bancaria, se trajo un par de máquinas de Inglaterra y empezó a trabajar… y trabajó sin descanso, a pie de máquina, y vendiendo, y comprando materia prima, y gestionando los cobros, y negociando con los bancos, de sol a sol, sin sábados, ni festivos, ni vacaciones durante muchos años….

Hoy tiene casi 50 empleados y es proveedor de referencia de algunas de las más importantes cadenas de distribución comercial del país y con esto de la crisis lo está pasando mal. Tiene serios problemas con los descuentos de los pagarés con los que le pagan sus clientes y lleva casi un año sin dormir 4 horas seguidas pensando como pagará las nóminas a final de mes… los proveedores le están aceptando el endoso de papel, pero sus trabajadores no pueden pagarle al carnicero con un pagaré….

Jesús siempre fue buen vendedor. La verdad es que se le daba bien, se conocía palmo a palmo todos los polígonos industriales del País Vasco, Navarra y La Rioja, hacía cientos de miles de kilómetros con el coche todos los años.

A finales de los 80, un amigo de un amigo, le presentó a un polaco, que fabricaba máquinas seca-manos para servicios públicos realmente baratas y que buscaba un representante en el norte de España.

Jesús habló con muchos hosteleros y todos le daban la razón: había pocas marcas de aparatos, no eran baratos y eran demasiado sensibles a los constantes malos tratos que les daban los clientes y no lo pensó más. Se puso a ello, alquiló un almacén y empezó a patear bares, cafeterías, cines, centros comerciales, hoteles… con un catálogo bajo el brazo que sólo contenía dos artículos.

La verdad es que le fue bien. Incluso demasiado bien. Los seca-manos eran baratos, pero sobre todo eran irrompibles y no necesitaban ningún mantenimiento… y Jesús se lamentaba de que, una vez “hecho el cliente” y habérselo ganado con un producto de tanta calidad… ya no tenía nada más que venderle, ya nunca le volvían a necesitar.

Entonces pensó que ampliaría el catálogo con papeles de celulosa, pero es un mercado difícil donde las multinacionales papeleras marcan su ley, y con productos de limpieza para el baño, ambientadores, jabón nacarado para las manos…y tenía un amigo químico que le podía ayudar con las fórmulas.

Jesús lo ha pasado mal para lograr todas las licencias y permisos que hacen falta para fabricar esos productos. Lo ha pasado mal para ponerse al día de todas las normas de etiquetado, clasificación, de cosméticos, de transporte de mercancías peligrosas…. estudiando miles de páginas de leyes, decretos y órdenes ministeriales…. pero no abandonó, siempre pensó que lo quería hacer, que lo iba hacer y que lo iba a hacer bien. Hoy tiene 12 empleados y ya está pensando qué será lo siguiente para ampliar el negocio….

No sé si Jesús o Javier conducen un BMW o si les gusta esquiar, no sé si viven en Neguri o si tienen un chalet… sólo sé que si tienen todo eso, es porque se lo merecen.