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viernes, 6 de mayo de 2016

Hacia el modelo de la responsabilidad



No me cuesta mucha confesar mi admiración por determinadas personas. Personas de las que he aprendido muchas cosas, a las que, cuando se dejan, llamo maestros o maestras.

Quizás, hacerlo aquí pueda parecer simple peloteo, más aún tratándose en este caso del director de una empresa asociada, y por lo tanto cliente, pero, si me dan cierto margen verán a qué me refiero.

Hace unos días quedé para tomar un café una de ellas, con Joseba Marquiegui, el último director de la planta de Dow Chemical de Bilbao. Quedamos en Algorta, en una terraza, aprovechando el tímido comienzo de la primavera porque, en el gran solar en el que se asentaba la orgullosa fábrica, la histórica UNQUINESA, ya no queda nada.

En sus últimos años, la fábrica se dedicaba a la producción de una primera materia plástica (poliestireno). Su principal cliente era la segunda unidad de la propia fábrica, dedicada a producir paneles aislantes para la construcción, Styrofoam,  y su segundo mercado era la producción de los plásticos interiores de las neveras y frigoríficos. Trabajando en esos mercados entenderán que, a pesar de ser una de las industrias mejor gestionadas de la química vasca, incluso de la propia Dow a nivel mundial (y eso es mucho decir..), el crack de la construcción terminó por llevársela por delante. Además, su ubicación urbanística no ayudaba mucho, precisamente.

Dow tiene muy claro cómo deben hacerse estas cosas. A pesar del mucho tiempo transcurrido desde la parada definitiva de la instalación, desde que dejó de ser, ni siquiera potencialmente, una fuente de ingresos, Dow ha seguido gastando dinero y esfuerzo en dejar el terreno en perfectas condiciones, bastante más allá de los que exige la muy exigente legislación vasca en la materia. Libre de una contaminación, con casi total seguridad, generada antes de que Dow Chemical comprara la instalación Y, por si quedara alguna duda, con la intención, expresada y practicada a lo largo de su historia en muchos otros emplazamientos, de no aprovechar plusvalía alguna en la venta de los terrenos.

Podría contarles bastantes cosas de mis motivos para admirar el trabajo de Joseba, pero mi intención del otro día era bastante concreta, además de interesarme por el proceso de descontaminación del suelo por el que ya apenas nos llaman, quería tantearle, ver qué posibilidades tengo de liarle para que comparta con el resto de empresas asociadas algunos de sus conocimientos.

A lo largo de estos años, le he oído varias veces impartir charlas y conferencias. En la Escuela de Ingenieros de Bilbao, en la Universidad de Santander, en la Facultad de Ciencia y Tecnología, casi siempre hablando de seguridad y para la que ya en su momento Dow, y otras empresas químicas, encontraron la "piedra filosofal": la responsabilidad.

Dar confianza, autonomía, ofrecer transparencia y respeto. Dar a los trabajadores el dominio de su puesto de trabajo, que nadie conoce mejor que ellos. Lograr que asuman su responsabilidad personal, que se impliquen, mediante una remuneración justa y el reconocimiento de su trabajo, consigue que se incremente la productividad y que descienda a cifras incomparables, la incidencia de los accidentes laborales.... Ya, ya veo que les está interesando la cuestión. No se preocupen, en la medida que se lo permitan sus obligaciones (y los copyrights de Dow...) terminaré por conseguir liar a Joseba.

Traigo este tema a colación porque en estas últimas semanas, dos reuniones profesionales, un gran evento en realidad y una reunión de trabajo en una pequeña fábrica, me han hecho recordar las conferencias de Joseba.

Hace unos días, Confebask, ADEGI, CEBEK y SEA presentaron en Bilbao su propuesta de nuevo modelo de relaciones laborales que se basa, precisamente, en las mismas premisas que ha venido usando la Química desde hace tantos años.

La Industria Química usa ese modelo, no por altruismo o paternalismo, sino porque, el nivel de cualificación que sus plantas necesitan, la formación en seguridad imprescindible para trabajar en sus instalaciones es de tal nivel que, en mayor o menor medida, necesitan aplicar un sistema similar. Eso ha provocado que la premisa esencial de la que parte el Derecho laboral, la debilidad del trabajador frente a su empresa ante el miedo de perder el trabajo, se diluya, se equilibren fuerzas y se empleador y empleado se traten de igual a igual.

El mérito de Dow, de Dupont y de otras compañías ha sido sistematizarlo y convertirlo en el día a día de su gestión. Y, claro, ese tipo de relaciones hace que los trabajadores dejen de necesitar a los sindicatos y claro, a éstos, esos modelos, basados en la transparencia y el respeto no les gustan y los denominan, a modo de insulto, "prácticas anti-sindicales".

Esta misma semana he asistido a una interesante reunión con el director de una fábrica alavesa propiedad de una importante multinacional y uno de sus principales directivos de la compañía a nivel mundial.

Éste último es el clásico perfil de directivo o directiva de una de nuestras multinacionales. Personas que, usualmente, han vivido en media docena de países distintos en los últimos años y hablan con fluidez 4 ó 5 idiomas, técnicos con gran experiencia en gestión y con los que siempre es interesante hablar casi de cualquier tema.

Entiéndenos medio en inglés, francés e italiano, trataba yo de aclararle algunas dudas sobre las responsabilidades personales a las que pueden enfrentarse un directivo o un técnico en la industria conforme al Derecho español... pero, cuando llegué al punto de explicarle cómo protegerse frente a dicha responsabilidad, cómo evitarla, me interrumpió muy educadamente y me explicó:

- No, no se trata de cómo evitar la responsabilidad (liability), se trata de conocer el alcance exacto de nuestras responsabilidades, de nuestro deber (responsibility), y asumirlas conscientemente. Saber porque nos pagan. Nosotros y cada una de las personas que trabajamos en está fábrica y en esta corporación, desde el presidente del consejo a cualquier trabajador recién contratado.

Y volví a recordar las enseñanzas de Joseba y de Dow Chemical.

Otro maestro, otra persona de la que he aprendido muchas cosas, en este caso de otra gran multinacional de la Química alemana, Daniel Vilalta, durante muchos años director de recursos humanos de Bayer, explica de vez en cuando, que el modelo de relaciones laborales en España se está agotando.... y tiene razón, pero la Industria Química y, ahora Confebask, han marcado el camino hacia ese nuevo modelo: el modelo de la responsabilidad.

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jueves, 5 de diciembre de 2013

Aquella noche en Bhopal




Si soy completamente sincero les diré que he dudado mucho si debía o no debía escribir sobre este tema en el blog. Este es, al fin y al cabo, el blog de la Industria Química Vasca y recordar el episodio más negro de la historia de la industria y quizás de la tecnología humana, no parece propio de un blog empresarial, destinado en su esencia a contar los indudables beneficios que nuestro sector reporta a la sociedad.

La noche entre el pasado 2 y 3 de diciembre se cumplieron 29 años del desastre de Bhopal y dudaba si debía o no contarles algo sobre ello. Ayer miércoles por la mañana ya lo había descartado y pensaba aburrirles con un ladrillo sobre el proyecto de Ley de Evaluación de Impacto Ambiental o, quizás mejor, contarles algo bastante más ameno sobre de qué tratará la jornada al respecto del Reglamento REACH y los residuos que celebra APD el próximo 13 de diciembre en Bilbao.

Sin embargo, ya por la tarde, alertado por un tuit de Tomás Pérez escuché la sección, en el programa La Ventana, que dirige y presenta Carles Francino en la Cadena SER, en la que cada semana Nieves Concostrina, periodista y escritora, cuenta de forma muy amena un episodio histórico.

La semana pasada, por ejemplo, relataba el descubrimiento de la tumba del faraón Tutankamón por parte de la expedición que dirigía Howard Carter en 1922. Les confesaré que, habiendo llegado ya a una cita en el Palacio Euskalduna, a la que no me quedó más remedio que ir en coche, me demoré un poco una vez ya aparcado para intentar escuchar la sección completa. Muy recomendable.

Como pueden imaginarse, el tema de ayer fue precisamente el 29 aniversario de la tragedia de Bhopal y reconsideré mi decisión y pensé que la industria, que en esencia es el compendio de los mayores logros tecnológicos que ha alcanzado la humanidad para su propio bienestar, debe recordar y, con ello, no repetir sus errores del pasado, aprendiendo de cada lección, algunas tan duras como la de aquella noche en Bhopal. Si quieren oírlo:



Es obvio que Bhopal fue un acto criminal en toda regla. Una negligencia en el mantenimiento y gestión de una instalación sin actividad productiva pero que almacenaba sustancias peligrosas.

Pero quizás convenga contextualizar algunas cosas y, como me suele suceder por otro lado, defender lo indefendible, tratando de dar una visión más amplia a lo que todo el mundo cuenta sobre aquel suceso y que son, precisamente, los aspectos a los que se ha limitado la historia que Nieves Concostrina ha relatado. Asumo que voy a hacer alguna afirmación polémica que me costará algún que otro reproche (o algo peor…).

Primera afirmación: La planta de Union Carbide de Bhopal contribuyó de manera importante a la lucha contra el hambre en India.

La fábrica de Bhopal se construye en 1969 con el objeto de fabricar Sevin, marca comercial de la sustancia carbaril o carbarilo (químicamente denominado metilcarbamato de 1-naftilo), un biocida muy efectivo frente a las principales plagas que asolaban las cosechas en la India y que, por cierto, sigue siendo uno de los insecticidas más utilizados en Estados Unidos hoy en día.

Gracias a muchas aportaciones y mejoras, pero también gracias a la fábrica de Bhopal, desde 1969 y 1984 la India pasó de una mortalidad infantil de niños menores de 5 años de un 215 por mil a 149 por mil y uno de los principales factores que contribuyó a esa mejora fue un incremento en las calorías disponibles por habitante y día de 2.059 en 1969 a 2.208 en 1984 (en la actualidad, dato de 2007, ambos ratios se situaban en 69/1000 y 2.352 calorías) y para lograr dichos avances, la lucha contra las plagas fue un elemento esencial.

La sustancia que provocó el desastre en Bhopal es un producto intermedio en la fabricación del Sevin, el isocianato de metilo (MIC), un producto muy tóxico, que reacciona muy violentamente con el agua (y por lo tanto con la humedad del ambiente). Hasta 1979 se transportaba hasta la fábrica como materia prima, con los graves riesgos que el transporte de una sustancia como esa implica, hasta que en aquella fecha comenzó a fabricarse in situ.

Pero, por desgracia, una industria sólo puede funcionar si el negocio la mantiene en marcha. Las terribles sequías que sufrió la India a principios de los años 80 dejaron a los agricultores sin cosechas y sin insectos que combatir. De hecho, en 1983 el dato de calorías disponibles por habitante y día fue mejor que el del año siguiente, alcanzando un pico de 2.251.

La producción del isocianato de metilo cesó en aquel año 1984 por la falta de mercado para el Sevin, en el momento del accidente permanecía parada y, en lo que constituye un compendio de negligencias criminales, se dejaron tanques llenos de productos peligrosos, se desmontaron equipos de seguridad y se desobedecieron los protocolos de gestión de operación.

La noche del accidente, una operación de limpieza de tuberías mal realizada provocó una entrada descontrolada de agua en un depósito de MIC. La reacción exotérmica provocó un incrementó de presión y rompió los discos de rotura. Solamente uno de los scrubber de lavado con hidróxido sódico estaba operativo. En un plazo de 45 a 60 minutos fugaron unas 30 toneladas de MIC, que una vez libre, más denso que el aire, descendió a nivel del suelo y siguió reaccionando con la humedad ambiental, generando más gases tóxicos como fosgeno o ácido cianhídrico, formando una nube letal que fue empujada por el viento hacia los barrios cercanos.

Segunda afirmación: Dow Chemical no tiene ninguna responsabilidad sobre los hechos.

A partir de aquel día, Union Carbide comenzó un rápido declive hacia la quiebra. La moral de sus trabajadores en todo el mundo quedó afectada para siempre y sus cifras le llevaron hacia las pérdidas muy rápidamente.

Dow Chemical, una de las empresas líderes de la química mundial, compró las acciones de Union Carbide en Estados Unidos 16 años después del accidente aunque, entre los activos de dicha sociedad, ya no estaba la planta de Bhopal. Union Carbide India Ltd., que en el momento del accidente era propiedad de la multinacional norteamericana en un 51% y del gobierno de la India en un 49%., fue en1994, adquirida en su totalidad por el gobierno indio, siendo, desde entonces, el único propietario de la planta y de la sociedad titular de la misma.

Es evidente que responsabilizar de los hechos a Dow Chemical y de las consecuencias de los mismos no tienen ningún sentido. Los medios de comunicación y la sociedad en general, tienden a simplificar la realidad cayendo en maniqueísmos absurdos: “si es una multinacional, es ‘mala’ y por lo tanto debe pagar”, lo que constituye un pensamiento muy cómodo, muy infantil y, además, injusto.

Una multinacional no es más que el conjunto organizado de las personas que en ella trabaja. Dow Chemical es uno de los grupos humanos mejor organizados que existe y que basa sus actuaciones en principios éticos sólidos, incluidos el de la transparencia. Su página web, en la que no evita dar su visión sobre Bhopal, es una muestra de ello.

Tercera afirmación: Las víctimas de Bhopal se enfrentan, por desgracia, a una de las bases del capitalismo.

Esta afirmación es quizás menos polémica pero no por ella deja de ser cierta.

La aventura que supone poner en marcha una empresa industrial, con los grandes capitales que hace falta acumular para iniciarla, se basa desde la revolución industrial en el siglo XIX en un pilar jurídico fundamental: la limitación de la responsabilidad.

Las sociedades mercantiles, tanto las sociedades anónimas, como las sociedades limitadas, como cualquier otra figura de organización societaria propia de otros países, basan su funcionamiento en que sus accionistas, sus propietarios, arriesgan en la aventura únicamente el capital que ponen en la sociedad. Si las cosas “van mal” a la compañía, los accionistas no se ven expuestos a perder sus bienes personales como, por ejemplo, su casa familiar.

Esta figura jurídica está pensada, y se ha demostrado tremendamente útil, para créditos comerciales y bancarios. Los prestamistas o los proveedores saben con quien se relacionan (de ahí el carácter público del registro mercantil) y hasta donde pueden asumir riesgos, prestando dinero o vendiendo a crédito a la sociedad en cuestión.

Pocos, muy pocos, se aventurarían en un riesgo empresarial de entidad si tuvieran que hacerlo arriesgando todo su patrimonio personal, la casa donde vive su familia. Aunque hay empresarios que lo hacen, avalando, por ejemplo, a su propia empresa.

Sin embargo, esa figura de limitación de la responsabilidad se ha demostrado como una barrera injusta frente a las obligaciones extracontractuales que la tecnología puede generar. No es justo, ni ético, que los vecinos de Bhopal, que no tenían por qué saber nada de Union Carbide, vean limitado su derecho a ser resarcidos por los daños sufridos.

Para evitar estas situaciones la legislación y la jurisprudencia ha ido creando normas y dictando sentencias que, en caso de fraude, en caso de tratar de utilizar la limitación de responsabilidad de las sociedades mercantiles a modo de pantalla, pueden dirigir sus reclamaciones contra accionistas o contra los seguros de cobertura de responsabilidad extracontractual, medioambiental y de otros tipos, que, de forma obligatoria, deben contratar las compañías.

Dow Chemical no ha es responsable ni jurídica ni moralmente de los hechos. No se le puede acusar de apantallarse para no afrontar su responsabilidad y la justicia debe ser ciega a la condición de los individuos y debe caer sobre los culpables y exonerar a los inocentes, sean ricos o sean pobres, sean multinacionales u ONGs.

Cuarta y última afirmación: Bhopal es una lección aprendida que la industria no puede ni debe olvidar.

Bhopal fue un toque de campana para la industria de todo el mundo. Algo así, algo tan terrible no podía volver a repetirse. Ni remotamente.

La industria química mundial, a raíz, entre otras cosas de los hechos de Bhopal, creó la iniciativa Responsible Care que tiene, entre otros un principio básico perfectamente demostrable, auditado y transparente: los estándares de seguridad de todas las plantas de las empresas firmantes, independientemente de la legislación o de la presión administrativa e inspectora de cada país, cumplen los mismos estándares de seguridad y protección del medio ambiente. Los mismos, en Estados Unidos, en la Unión Europea, en China o en la India. Dow Chemical es una de las compañías líderes en la aplicación de la iniciativa Reponsible Care y, por supuesto, no fabrica en la India productos prohibidos en Estados Unidos o en Europa.


Permítanme, por último, recomendarles un libro: “Era medianoche en Bhopal” (Casa del Libro; Amazon) de Dominique Lapierre y Javier Moro. Lo leí hace ya mucho tiempo, al poco de publicarse, y les confieso que lo empecé con muchas reticencias. Es un libro de muy fácil lectura, que engancha como buen best-seller pero que, en lugar de caer en el maniqueísmo fácil, es riguroso en los datos históricos y aporta una visión humana y realista sobre todas las personas que, de un modo u otro, participaron y sufrieron con aquel terrible suceso. Sobre las personas que crearon y operaron la planta, las personas que, con su actuación negligente, provocaron el accidente y las personas que sufrieron y que murieron como consecuencia del mismo. Personas, ni buenas ni malas, sencillamente personas.


viernes, 20 de noviembre de 2009

Deberíamos cuidar más a nuestros “profes” de química

(La foto es cortesía de Google Street View)


El pasado lunes por la tarde, de siete a ocho y diez (me pasé un poco del tiempo, lo cual me da bastante rabia...), hice una parte de mi trabajo que me gusta tanto, que hasta pagaría por hacerlo... Bueno, es posible que me haya pasado un poco, pero vamos, que me gusta mucho.

Hace ya un montón de años, de la mano de Dow Chemical, trajimos a Euskadi un proyecto educativo genialmente innovador (o "innovadoramente genial") que desarrollaba en Tarragona, de la mano de AEQT, la Universitat Rovira i Virgili.

Ya les he hablado alguna vez del proyecto APQUA (Aprendizaje de los Productos Químicos sus Usos y Aplicaciones) una forma de enseñar ciencias a los chicos y chicas de entre los últimos cursos de primaria y los 18 años, que en lugar de impartir doctrina, da herramientas para pensar, en lugar de inculcar axiomas plantea preguntas para que los alumnos respondan. Mediante la experimentación práctica y el debate, provoca que los alumnos disfruten de la ciencias, disfruten investigando y aprendiendo, ayuda a comprender la ciencia fomentando con ello las vocaciones científicas.

Además, APQUA tiene una ventaja adicional respecto a otras experiencias innovadoras en educación. Los temas no se eligen al azar. La concepción y el diseño del contenido están celosamente cuidados para ajustarse a los currículums obligatorios de cada curso de manera que, el uso de los módulos, no entorpezca el avance en el programa oficial que los profesores están obligados a impartir como mínimo.

Contando con el apoyo económico específico de Petronor, Arkema Química, Bilbaína de Alquitranes, Atotech y el propio Dow Chemical, para desarrollar el programa la dinámica lógica es formar a los profesores con las herramientas que dispone para ello el Departamento de Educación, entregarles material y que sean ellos los que experimenten con sus respectivas clases .

Así, al menos una vez al año por esta época, Carles Lozano, de la Universidad Rovira i Virgil, con la inestimable colaboración de Elvira González, Luis Zaballos y Jon Landabidea como agentes sobre el terreno, se acerca a Euskadi desde Tarragona e imparte un curso presencial e intensivo para profesores de ciencias de enseñanza pública o concertada que voluntariamente se hayan apuntado.

Transcurridos unos meses, allá por mayo, Carles regresa y se realiza una sesión de evaluación de la experiencia, puesta en común y problemas detectados... la verdad es que en general los profesores que la utilizan se muestran encantados de los resultados... es un programa de éxito.

En cada edición tenemos problemas de plazas. En cada edición, profesores que empiezan su jornada a las 8 de la mañana lidiando con un aguerrido grupo de adolescentes, aún tienen ánimo para desplazarse a Bilbao cuatro días de una semana, de 4 a 8 de la tarde (más la propina que les dispensa algún ponente pesado como yo) y volver a Ondarroa, Oiartzun o Laguardia, con la cena por hacer y las clases del día siguiente por preparar.

Profesionales que destruyen, uno por uno, todos los tópicos del funcionariado, todos los tópicos del profesor de secundaria: motivados, innovadores, activos hasta la extenuación, impulsores del cambio, dispuestos a sacrificar sus horas personales por mejorar...

Pues a ese público me dirigí yo ayer durante una hora, en la que, además de contarles algún que otro chiste, me dediqué a explicar a qué se dedica la industria química en Bizkaia y en Euskadi. Cada vez que me he enfrentado a un grupo aprendo cosas nuevas y cada vez me gusta más ir a contarles qué se hace en una fábrica y para que sirve.

Siempre digo que si yo me decanté por las letras fue porque en 2º de BUP no entendí qué rayos era eso de la química y la física... es muy posible que, si en aquella época me hubiera encontrado con uno de los profesores con los que coincidí el lunes en el curso de APQUA sobre Sostenibilidad, hoy llevaría bata y andaría cacharreando en el laboratorio de alguna de sus fábricas.

No sé si sería mejor o peor (no me atrevo a valorarlo), pero en cualquier caso, la sociedad, la Sostenibilidad y el futuro necesitan una abundante cantera de técnicos, de científicos e investigadores... en ello están los profes y en ello intentamos echarles una mano.

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jueves, 27 de agosto de 2009

Ser los mejores no basta para ser competitivos... pero sigue siendo imprescindible


Aunque soy relativamente novato en esto de los blogs... ya me he dado cuenta de un par de detalles que solamente ofrece la experiencia. Uno de ellos, y es mi excusa con la que les pido disculpas, es que me he dado cuenta que escribir un blog es cuestión de ritmo... y, al menos en mi caso, la vacaciones son incompatibles con el ritmo... de trabajo.

Pido disculpas porque en la última entrada anunciaba un comentario sobre un artículo de El País, “La química pierde el tren”, del.... ¡16 de agosto!.... y así, entre nécoras y bogavantes, playa y milenarias piedras celtas, se me está yendo el mes de agosto sin que lo haya comentado.

Pues bien, ¿han podido echarle un vistazo?.... no se preocupen demasiado, visto ahora, con un poco de perspectiva, quizás no merezca la pena el comentario. Lo firma Ferran Balsells, que creo es un joven redactor de El País en Tarragona, y consta de 6 párrafos, en los que, siguiendo el manual básico de un buen periodista, ofrece un lado humano de un problema tan abstracto como real y, por lo tanto, difícil de explicar: la progresiva pérdida de competitividad de las industrias básicas europeas frente a sus competidoras asiáticas.

En AVEQ-KIMIKA tenemos nuestro propio caso, con idéntico producto pero distinta empresa transnacional. Dow Chemical comunicó en el mes de mayo el cierre definitivo de una de las plantas de referencia de la Industria Química Vasca. Dow Chemical Bilbao, situada entre los municipios de Erandio y Leioa, antes Dow-Unquinesa y antes Unquinesa desparecía. Cientos de profesionales de la química hicieron allí su carrera, con épocas buenas y épocas malas... pero se acabó.

Pero el mercado no entiende de sentimientos y nostalgias. Dow Chemical Bilbao es (o era) una de la plantas más eficientes de todo Dow Chemical... y eso es mucho decir. Primera empresa industrial certificada en ISO-9001 de Euskadi, allá por 1989, es uno de los grupos humanos más eficientes y mejor preparados que he conocido.

Pero desde hace algunos años, en Bilbao Dow Chemical solamente dejó dos instalaciones. Por un lado, partiendo del estireno que se traía por mar y se desembarcaba en la ría junto al metro, se elaboraba poliestireno. Su principal cliente era la segunda unidad, ésta junto a la carretera de la Avanzada, en la cual el plástico se calentaba, se coloreaba de azul y se aditivaba para que fuera ignífugo, se hacía pasar por una fina ranura (se extruía), para espumarlo y cortarlo en la medida precisa para fabricar paneles aislantes para construcción... Styrofoam... como se conoce en inglés al propio material, el poliestireno extruído (no confundir con el poliestireno expandido, el corcho blanco, con aplicaciones parecidas... y que además se usa para hacer embalajes... y para que mi hija haga nieve por toda la casa).

El segundo sector al que daba servicio era el de electrodomésticos. En concreto la fabricación de frigoríficos, ya que de poliestireno se fabrican todas las piezas de plástico internas de las nevera: paredes, baldas, cajones.... El poliestireno es un plástico con excelentes propiedades para ello: no se deforma apenas con el frío, no es colonizable por bacterias y mohos, no se descompone, no se pudre...

Pero el hundimiento de la construcción, que ha arrastrado al sector de electrodomésticos de manera inmediata, y las escasas perspectivas de que se recupere hasta los niveles de los que hizo gala no hace 2 años... han terminado por cerrar su futuro, ya difícil por la situación urbanística de la fábrica.

Y así se escribe la historia. Ni siquiera los mejores profesionales, con las mejores instalaciones están libres de las poderosas fuerzas del mercado y creo que es responsabilidad de todos, especialmente de las Administraciones Públicas el procurar que nuestras empresas, las mejores, las más responsables, las que ofrecen empleos estables y de calidad, las preocupadas por el medio ambiente y la responsabilidad social, sean las que pervivan en nuestro entorno... Dow y BASF, son dos de esas empresas. Deberíamos cuidarlas.


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martes, 24 de marzo de 2009

¿Son los técnicos capaces de entender el Derecho?, yo creo que sí... pero sólo lo creo...


Hace unos días, Joseba Marquiegui de Dow Chemical me envió una presentación, de estas que se envían por email por ser graciosas pero que, en este caso, me la enviaba con bastante mala idea.

No voy a contarles nada de Joseba porque después de casi 10 años de compartir codo con codo trinchera y rancho, victorias y derrotas solamente me saldrían cosas buenas y, dado que ahora es uno de mis jefes en la Junta de AVEQ-KIMIKA, parecería peloteo.

La presentación era, básicamente, un desarrollo algebraico de 2+2=4 hasta convertirlo en una fórmula larga e incomprensible, con senos, cosenos y letras griegas y terminaba preguntándose: “si los técnicos siempre decimos 2+2=4 por ser la forma más sencilla, ¿por qué los abogados hacen justo lo contrario?.”

Quizás debería decir que Joseba tiene un defecto, pequeño pero que no tiene fácil solución: Joseba es ingeniero, lo cual no sería un problema si no fuera porque es el director técnico de una empresa química con un grado de excelencia en gestión difícilmente alcanzable lo que implica que su vida profesional ha consistido y consiste, en un porcentaje muy elevado, en leer, interpretar y aplicar normas jurídicas.

No, no me entiendan mal. No pretendo que los puestos técnicos en la fábricas sean ocupados por abogados.... ¡Dios me libre!, que ya he tenido serias acusaciones de corporativismo además, si un importante preparación previa en aspectos técnicos, lo pobres no daría pie con bola.

Pero es que la situación contraria tampoco es muy lógica. Los técnicos, que saben un montón de reactores y reactivos, de catalizadores y condensadores de repente se enfrentan sin saber muy bien cómo a una enorme pila de reales decreto, reales decreto-ley y decretos legislativos y no saben ni si quiera diferenciar entre ellos (¿ah?, ¿pero no son lo mismo?).

Cuando allá por 1997 Juanjo Navarro me contrató para este puesto me dijo algo que ha sido una de las máximas de la gestión de la Asociación desde entonces: las empresas ya tienen químicos e ingenieros muy buenos pero necesitarían complementarlos con la visión jurídica de los problemas, como no pueden permitirse (ni necesitan, en la mayoría de los casos) un abogado en plantilla, vamos a complementar su trabajo desde aquí... y así empezamos a trabajar....

Desde entonces, hemos hecho muchas cosas con esa intención, con esa idea. Hemos desmenuzado muchas normas publicadas en los boletines en resumidas circulares, hemos atendido cientos de consultas, hemos redactados mucho informes y siempre tratando de transmitir una idea: sí, el Derecho es lógico, la normativa técnica tiene un sentido aunque no lo parezca, porque alguien tiene que darnos las claves para ver los cimientos y las vigas en las que se apoyan esos ladrillos sueltos que caen sobre la cabeza de los técnicos. Sin esos cimientos, nos pasaremos toda la vida tapando grietas sin llegar a arreglar el edificio...

Es por ello, que como complemento a ese trabajo, con menos periodicidad de la que me gustaría, celebramos un corto pero intenso taller de trabajo que llamamos: Curso KIMIKA de Derecho para técnicos y que siempre comienzo tratando de provocar a los asistentes afirmando: “El Derecho es una ciencia. Al menos tanto como la química y la física. Permitidme que os lo demuestre”.

Cuando el taller termina, tengo que admitirlo, no consigo convencer a casi nadie, pero los asistentes se marchan a su fábrica con un par de herramientas bajo el brazo que les van a ahorrar mucho tiempo de trabajo.... y esa es otra de las máximas que en su día me dio Juanjo Navarro: “El tiempo de trabajo de los profesionales es el recurso más escaso de las fábricas. Cuanto más tiempo podamos ahorrarles más útiles seremos”.

En ello estamos.

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martes, 25 de noviembre de 2008

La química en la enseñanza a través de APQUA


Hoy, si me lo permiten, cedo una parte de este espacio diario a Carles Lozano, del equipo de APQUA de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona con el que colaboramos estrechamente en el desarrollo del proyecto en la Comunidad Autónoma Vasca. A continuación reproducimos la carta que ha enviado a los centros de secundaria que han recibido material práctico-experimental educativo en químicas a cargo del proyecto:

"La Asociación Vasca de Empresas Químicas-Euskadiko Enpresa Kimikoen Elkartea (AVEQ-KIMIKA), presta su apoyo a la educación científica y medioambiental en los centros de educación primaria y secundaria de la Comunidad Autónoma Vasca desde el año 2000 mediante el patrocinio del proyecto educativo APQUA de ciencia y medio ambiente. La difusión del Proyecto APQUA se realiza a traves de actividades de formacion permanente de profesorado en las que se suministra equipos de material didáctico para la enseñanza de las ciencias a los centros asistentes. Desde el año 2002, las actividades se organizan en el marco de los cursos GARATU del Plan de Formación Continua del Profesorado del Departamento de Educación. Hasta el momento 150 centros de la CAV han tenido ya acceso a los materiales del Proyecto.

AVEQ-KIMIKA nos ha manifestado su interés por que el Proyecto pueda llegar también a los centros educativos de las zonas donde están ubicadas las empresas asociadas que actualmente colaboran en el patrocinio de APQUA (Arkema Química, S.A., Atotech España, S.A., Bilbaína de Alquitranes, S.A., Dow Chemical Ibérica, S.L., y Petronor, S.A.). En este sentido, os hemos enviado a una dotación de uno de los equipos de material de APQUA, el del módulo "Separación de mezclas e identificación de sustancias/Substantzia arriskutsuen identifikazioa" (incluye guías docente y discente -en euskera y castellano-, caja de material experimental y caja de bandejas de experimentación), destinado a áreas de científico-tecnológicas de educación secundaria. Os hemos adjuntado también un folleto informativo de APQUA y un dossier con información sobre todos los materiales del Proyecto. Todo este material queda en propiedad de vuestro centro. Para finalizar sólo destacar que os ofrecemos además la posibilidad de recibir formación específica sobre este módulo para todos los profesores de vuestro centro que puedan estar interesados.



Agradeciéndote vuestra colaboración, recibe un cordial saludo,"


APQUA, acrónimo de Aprendizaje de los Productos Químicos sus Usos y Aplicaciones es un ambicioso proyecto pedagógico que tienen tres objetivos primordiales:

- Fomentar las vocaciones científicas en secundaria tratando de ayudar a los profesores a transmitir la pasión por la ciencia y la investigación, haciendo las actividades lo más prácticas posibles,

- Favorecer el pensamiento crítico a la hora de tomar decisiones. Que los estudiantes no acepten los tópicos sociales y el maniqueísmo que contrapone medio ambiente / industria sin valorar los pros y los contras de cada opción.

- Acercar la industria y la sociedad mediante la transparencia y la comunicación. La sociedad teme lo que no conoce, cuanto más y mejor conozca los procesos, las instalaciones y las personas que trabajan en la industria química, menor será ese temor.


Lo cierto es que el éxito del proyecto está siendo notable, con más de 150 centros ya implicados y grados se satisfacción entre alumnos y profesores muy elevados. En este éxito la parte principal se la debemos a una generación de profesores y maestros entusiastas de su trabajo, motivados e innovadores... profesores de los que todos nos hubiera gustado "disfrutar" en nuestra época de estudiantes.

Entre ellos, por su esfuerzo personal en la elaboración de las traducciones al euskera y en la formación de otros profesores, por el impulso al proyecto en Euskadi, hay que destacar a Luis Zaballos, del Instituto Luaxeta de Mungia y Jon Ladabidea, del Instituto Uribarri de Basauri, aunque ahora está dedicado a la coordinación y formación de otros profesores desde el Berritzegune 01 en San Ignacio, Bilbao.

Ellos, con su trabajo, demuestran día a día que hemos alcanzado una síntesis en los objetivos sociales, ambientales y económicos, que ninguna de esos tres pilares se sustenta solo y que el Desarrollo Sostenible tiene que basarse en la educación de las futuras generaciones, de las personas que, en unos años, habitarán y dirigirán el planeta.

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