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jueves, 29 de abril de 2010

¿En qué piensan los Euro-parlamentarios?


Aunque se prodiga poco por aquí, siempre es un placer que Oscar Arestizabal, vicepresidente de AVEQ-KIMIKA, nos mande una colaboración.

Es uno de los profesionales de referencia en materia de biocidas, no solamente en su formulación y uso que sería lo lógico dada su condición de químico vocacional, sino en su regulación, en normativa que afecta a este tipo de productos y en las grandes dificultades que hay que superar para innovar y seguir avanzando en algo que se nos está olvidando: la necesidad de protegernos de la crueldad de la naturaleza… porque es necesario asumir que sí, que la naturaleza es cruel…. por naturaleza….

¿Todos los políticos son corruptos?. Ciertamente sería una afirmación digna de ser calificada de demagógica o incluso de ser punible legalmente. ¿Por qué?. Porque no hay pruebas que demuestren más que la culpabilidad de unos pocos. Pero, ¿por qué cuando se trata de Ciencia en general y de Química en particular estas reglas no son válidas?.

Para algunos políticos la demagogia científica parece que es algo válido. Los mejores exponentes suelen ser, en nuestro ámbito, los representantes nórdicos que por razones desconocidas se creen los nuevos mesías de la salud y medioambiente y por tanto están deseosos de esgrimir la espada justiciera en defensa de sus electores contra las “malvadas” industrias químicas.

La última demostración de su beligerancia sin sentido, y que nos produce una profunda preocupación por las implicaciones que podría tener para la calidad de vida de nuestra sociedad, es la revisión de ciertas moléculas raticidas ya aprobadas y que afectaría al 85% de los raticidas disponibles.

Como consecuencia de la Directiva Europea 98/8/CE, la industria química ha tenido que soportar el gasto de millones de euros en re-documentar las moléculas raticidas para obtener la autorización de venta en la Unión Europea. Son sustancias sobradamente conocidas que se vienen utilizando con asiduidad por todo el mundo desde hace décadas en el control de población de los agentes transmisores de enfermedades (ratas, ratones, etc.).

Incluso la Warfarina, que en usos farmacéuticos ha salvado la vida de miles de personas con problemas de corazón en la prevención de trombosis/embolias y que además ha sido precursora de medicamentos muy conocidos en la actualidad como el Sintrón.

Una vez finalizado este exhaustivo proceso de evaluación por parte de los técnicos de los países de la Unión Europea, nos encontramos ante este grupo de politicos nórdicos “illuminati” que han decidido iniciar este proceso de revisión de las moléculas que actúan como anticoagulantes con el fin de lograr su prohibición.

La base para proponer la revisión es que se ha encontrado para la warfarina posibles efectos teratogénicos, aunque tales efectos no son transferibles a las personas debido a las concentraciones utilizadas en los productos comercializados y los nulos riesgos ocasionados por exposición a dichos productos. Pero una utilización falaz y perversa del razonamiento inductivo les hace querer concluir que todos las sustancias anticoagulantes serán teratogénicas.

Cualquier persona medianamente instruida en Ciencia (y con lo aprendido en el “cole” debería bastarle) sabe que el método científico se basa en la reproductibilidad y la falsabilidad. Lo que en términos prácticos quiere decir que si se ha ensayado que el fuego quema... quema, todas las veces, en cualquier parte y con cualquier clase de fuego y si nos encontramos un fakir no podemos proponer que los bomberos trabajen sin protecciones térmicas.

De prosperar esta iniciativa, nos encontraríamos con una drástica reducción en los medios de control de la población de ratas en Europa, lo que necesariamente nos llevaría a un incremento de la población de estos roedores.

La pregunta que surge a continuación es: ¿qué riesgos podría acarrear este incremento de población?. Para responder basta con recordar dos palabras: Peste negra. Y es sólo una de la enfermedades que transmiten las ratas.

Si esto prospera, por una parte tendré que sentirme, solidariamente y como colega de los técnicos europeos, con el c... al aire y además tendré que replantearme mi formación académica sobre el razonamiento inductivo.

Lo que me lleva a pensar que si lo aplico a la pregunta planteada al inicio, teniendo en cuenta que hay más de un caso probado y por similitud...


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viernes, 9 de octubre de 2009

Biocidas o “éramos pocos y ...”


Esperen un momento que me voy a poner en pie para presentarles a alguien.

Oscar Arestizabal es, casi seguro, la persona que más sabe de biocidas y de su regulación en la Comunidad Autónoma Vasca y uno de los que más sabe en España. Emprendedor, químico, premio europeo de medio ambiente es, además, vicepresidente primero de AVEQ-KIMIKA (...y yo no sabría decirles de cual de estas líneas de su currículum está más orgulloso, creo que es la de ser uno de mis jefes.... pero no me hagan mucho caso).

Me manda unas líneas sobre la normativa de los biocidas. Sobre los efectos que produce la hiper-regulación sobre un mercado en el cual aflora, más claramente, el desagradecimiento y la hipocresía de la sociedad actual en materia de desarrollo sostenible. Les dejo con él:

Acabo de leer en este agradable blog que nos proporciona Luis, como el penúltimo engendro legal que pretende “armonizar” algo está consiguiendo que nos volvamos socráticos (sí, aquello de: sólo sé que nada sé).

Para situar al improvisado lector en nuestro maravilloso mundo de los biocidas, le diré que somos ese tipo de industria química que la sociedad necesita para mantener su bien conocido estado del bienestar pero nos denigra en público, o sea, típica industria del sector químico.

La situación legislativa en la Comunidad Europea al final del siglo XX era tan dispar que había países, como España o Gran Bretaña, en los cuales era preceptivo tener una autorización de venta concedida por el Ministerio competente, lo que conlleva el expediente y trámites pertinentes (y tiempo, varios años) hasta el caso de Francia en donde con una simple notificación era suficiente.

Pues bien, en 1.998 la comisión europea publicó la directiva 98/8/CE -Directiva de Biocidas- por la que nos regiríamos por igual todos los países miembro. Para nuestra satisfacción esta Directiva no difería en lo sustancial de lo dispuesto por el RD 3349/1983 y ss. y como se puede inferir, nuestro futuro se aclaraba en lo legislativo y nos equiparaba a todos los países miembro, con la consecuente alegría y tranquilidad de nuestros departamentos de I+D y regulatory affairs. Pero nuestro gozo ... en un pozo.

Aparece el reglamento REACH. Amén de las implicaciones que para todos tiene, resulta que a nuestro sector le supone además que no sabemos si aquellos productos (con sus correspondientes composiciones declaradas) que tenemos autorizados podrán seguir siendo comercializados, ya que si alguna de las materias primas “se cae” del registro, por su falta de interés económico ante los costes que impone el REACH -no veo otra causa-, nos veremos obligados a modificar y rehacer nuestro insecticida, raticida, desinfectante, etc. con las materias primas disponibles y eso implica necesariamente sufrir de nuevo el trámite ministerial con los consiguientes costes económicos.

Pero más aún. La aplicación del GHS podría entrar en conflicto con la legislación sectorial ya que el etiquetado está definido por la autorización de venta y salvo resolución ministerial no es posible modificarlo (la revisión actual es quinquenal y bajo la Directiva de Biocidas será decenal). Imagínense la -supuesta- situación kafkiana que se puede llegar a producir: sendos inspectores de Industria y de Sanidad inmovilizando una partida de producto por incorrecto etiquetado. Si el primero se encuentra el producto etiquetado según obliga Sanidad no cumple el GHS y si modificamos el etiquetado según GHS y no ha sido modificado por Sanidad el segundo nos lo inmovilizará por no cumplir la resolución ministerial.

No es mi deseo que nos malinterpreten, no somos “calimeros”, pero de vez en cuando exponer públicamente las trabas o incongruencias en las que los legisladores incurren es saludable.

Por último, apresúrense los que tengan cucarachas ya que a lo mejor no llega su insecticida ... por falta de etiqueta.


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