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jueves, 19 de octubre de 2017

Recuerdo que aquel día llovía en Bilbao



Recuerdo que aquel día llovía en Bilbao. Había pasado el mes de agosto con mucho calor y la gente comentaba que ya era hora, que se echaba de menos la lluvia.

Jonkar, como llamaba todo el mundo a Juan Carlos, vino con su hermano a verme a la oficina. Su hermano Andoni era bastante más joven que él, yo le conocía hace tiempo, pues era un abogado al que recurría de vez en cuando CCOO para negociar convenios de empresa y mediaciones en conflictos colectivos. Un tipo serio, y cuyo conocimiento y coherencia se habían ganado el respeto de todos, en el siempre complicado ambiente de las relaciones laborales en Euskadi.

Jonkar me había llamado la noche anterior al móvil y me había pedido que habláramos por la mañana temprano. Le ofrecí tomar un café en algún sitio de Bilbao o desplazarme yo hasta su fábrica, en el Duranguesado. Por su negativa tajante – “si no te importa, prefiero un sitio más discreto”-, la urgencia y por el color de su cara cuando nos encontramos, diría que pude imaginarme de qué se trataba.

En el despacho, Jonkar apenas habló.

- Este es muy burro, – me decía Andoni - ya recibió una carta a principio de año y otra antes de verano y no se lo dijo a nadie. Las rompió y se fue a Medina con la mujer y los nietos en agosto, como si tal cosa.

Jonkar se limitaba a asentir con la mirada perdida en ninguna parte.

- Ahora le han mandado otra carta, pero esta a su hija, que vive en Bilbao - siguió Andoni -  y en ella citan los nombres y el colegio de los dos nietos y, claro, Teresa, la mujer, se ha enterado y anda mal de salud... Le dio un ataque y lleva dos días en Cruces ingresada. Con la tensión por las nubes y una ansiedad cada vez que se acuerda del tema que... en fin.

Andoni tragó saliva y continuó:

- Dicen que ya es el tercer aviso y piden 200.000 €.

- No los tengo - interrumpió Jonkar - no los tengo. ¿Tengo que pedir un préstamo para pagarles?

Jonkar empezó Bachillerato, pero no lo terminó. Huérfano de padre unos años antes, renqueó en los estudios, sobre todo por no disgustar a su madre, hasta que no pudo más.

Se apuntó a una FP de informática, pero tampoco era lo suyo. Lo que siempre se le había dado bien era la gente. Ser simpático y abierto. En todos los pueblos del Duranguesado, no sólo en el suyo, todo el mundo le saludaba por la calle. Todos le conocían cuando entraba en cualquier bar.

Y precisamente por eso, comenzó a vender. Y era un comercial muy bueno. Empezó vendiendo tornillos, después herrajes para puertas y, durante bastantes años, trapos y cotones para recoger grasas y aceites en las fábricas. Vendió casi de todo.

Allá por el año 2000, un conocido suyo de Valencia le propuso asociarse como autónomos, en un negocio: había comenzado a importar unos lavavajillas de Hungría muy compactos, para lavar en ciclos muy cortos vasos, copas y tazas en los bares, muy baratos y extraordinariamente resistentes. Duraban una eternidad y no tenían averías.

Jonkar se hizo cargo de Cantabria, Euskadi, Navarra y La Rioja y, tipi-tapa, tipi-tapa, a ello se puso, a hacer kilómetros, a visitar bares, restaurantes y asociaciones de hostelería.

Transcurridos unos años, las ventas no podían ir mejor. Su amigo valenciano se había retirado y ahora trataba directamente con los húngaros, que etiquetaban el producto con su marca. Libre de las limitaciones territoriales iniciales, había hecho bastante ventas en Aragón, en Burgos y en Asturias, pero la verdad es que apenas alcanzaba a servir los pedidos que tenía en Euskadi.

Tenía ya cuatro empleados. Dos chicos en el almacén, una administrativa muy eficaz y un comercial, que fue compañero suyo de curso en el colegio, que le ayudaba. Los cuatro eran del pueblo, o casi, y se los encontraba habitualmente tomando txikitos, comprando el pan o en la fiesta de la ikastola.

Las cosas iban bien y, sin embargo, Jonkar no terminaba de estar contento. Pensaba que, una vez hecha la venta, como el producto era tan estupendo, lograba un cliente muy satisfecho, al que ya no vendía nada más.

Dando vueltas al problema, se le ocurrió distribuir también el detergente para el lavavajillas pero, haciendo muchos números vio claro que no compensaba, que el margen era muy pequeño.

Una noche de fiestas, hablando durante la cena en la sociedad con un amigo del pueblo, un químico jubilado que había trabajado en una fábrica en Galdakao, le explicó que los proveedores de productos químicos para fabricar detergentes le podían dar toda la información de formulas y equipos necesarios. Que la instalación no era muy compleja y que él mismo le echaría una mano.

Se puso en marcha, pero no se detuvo en el detergente y presentó a sus clientes la línea completa de productos químicos que un local de hostelería puede necesitar: jabón lavamanos, desengrasantes, ambientadores, friegasuelos…

Fue entonces cuando se asoció a AVEQ-KIMIKA, pues las licencias y permisos, el registro de productos, las obligaciones de transporte de mercancías peligrosas, la normativa de etiquetado le superaba y necesitaba ayuda para ponerse al día con la normativa.

Y la idea funcionó. Tanto es así que a los pocos meses de superar la pesadilla burocrática de poner en marcha una actividad empresarial, había tenido que contratar a dos chicos más y a un químico, cuya tarea inicial era la de poner en marcha un pequeño laboratorio para análisis e ir pensando nuevos productos.

- Y dicen que contactemos “con los círculos habituales de la Izquierda Abertzale de su municipio”… ¿entramos al Herriko y preguntamos por alguien?... ¡esto es ridículo!

- ¿Quién les habrá ido con el cuento?... aunque en el pueblo nos conocemos todos… y desde hace tiempo ya notaba yo que había miradas raras. ¿No habrá sido alguien de la fábrica?.... - se preguntó Jonkar, y volvió a ensimismarse, mirando la pared.

- Y se compra un coche nuevo en marzo y va a enseñarlo en la plaza del pueblo a todo el mundo. – reprochó Andoni. - Ahora, la mitad del pueblo no nos habla y, por supuesto, hay bares a los que ya no entramos.

- ¿Y qué quieres?, ya estaba encargado… por fin, después de tantos años de esfuerzo, de reinvertir y reinvertir y reinvertir, estoy teniendo una cierta holgura y me di un capricho. Y no quise Mercedes para que no hablaran... ¡si es para trabajar!, le hago casi 200.000 km al año.

Se hizo el silencio un segundo.

- ¿Qué nos aconsejas que hagamos?

- Bueno, ya sabéis que esto no es mi especialidad - respondí - pero el único consejo que puedo daros, y que damos desde las asociaciones, es no pagar y acudir a la Ertzaintza cuanto antes. Te acompañaremos para hablar con ellos. Si pagas ahora, además de ceder a un chantaje, estarás pagando siempre.


En noviembre, alguien pintó su nombre dentro de un punto de mira con spray rojo en la persiana de la nave.

En diciembre, una noche de kale borroka por todo el pueblo, quemaron un cajero frente a su casa y lanzaron un cóctel molotov contra su portal. Teresa tuvo un ataque de nervios y esa noche la pasaron en casa de la hija, en Bilbao.

En enero, tras una visita rutinaria, el médico les dijo que, probablemente no fuera nada, pero que había que hacer una biopsia al bulto que tenía la hija en el pecho.

Teresa, sentada junto a su hija, apenas dijo entre dientes “¿Cáncer?”, se desvaneció y cayó al suelo.

La ingresaron de inmediato con un diagnóstico de infarto cerebral. Murió tres días más tarde sin haber recuperado la conciencia.

Jonkar cayó en una profunda depresión. La empresa cerró, tras casi un año de desconcierto, unos meses antes del anuncio del “cese de la actividad armada”. Sus lavavajillas siguen funcionando en decenas de bares de todo Euskadi.

Según creo, el comercial y uno de los operarios de almacén, aunque han tenido algún trabajo breve en estos años, siguen en el paro.

Hace un par de años me encontré con Andoni en una fábrica. Me dijo que, gracias a la medicación, su hermano había salido del pozo negro en el que estuvo casi tres años metido, que incluso le llevó a estar ingresado en Zamudio. Vivía con la hija, pero apenas hablaba y nunca salía de casa.

Le di un abrazo, algo que sorprendió mucho tanto a los representantes de la empresa, como a los miembros del comité de empresa que nos vieron. Fue una mediación tranquila que se resolvió con un buen acuerdo.


Mañana, viernes, 20 de octubre, las asociaciones que representamos al empresariado vasco, agrupadas en torno a Confebask, ADEGI, CEBEK y SEA, hemos organizado un acto homenaje a los hombres y a las mujeres que tuvieron que soportar la violencia y el infierno de un chantaje mafioso, especialmente duro por ser justificado e inclusión apoyado por una buena parte del círculo social de sus víctimas. Un homenaje a los que lo resistieron y a los que, como Jonkar, no fueron capaces.

Hace un par de días, un renombrado líder de los “círculos habituales de la izquierda abertzale” se mostraba entre sorprendido e indignado porque Confebask no le hubiera invitado a dicho acto.

¿Qué quieren que les diga?... supongo que llegará el día que podamos superar todo aquello, un día en el que el olvido nos lleve al perdón. Pero, es pronto. Ese día aún no ha llegado.


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lunes, 3 de agosto de 2009

ETA: ¡déjanos en paz!



Hace unas semanas, con motivo del asesinato de Eduardo Puelles en Bilbao, publiqué en el blog una entrada parecida a esta. Alguien me envió un comentario afeándonos el hecho de que habláramos de un asesinato de ETA y no de los asesinatos de violencia doméstica. El motivo de esta diferenciación es que, a lo ruin del crimen, en los asesinatos de ETA se añade el hecho de que sus autores tienen, encima, la desfachatez de decir que lo hacen en nuestro nombre, en nombre del pueblo vasco... y no puedo permitir que alguien diga eso sin responder, por ahí no paso.

Los seguidores habituales de este blog saben que somos bastante disciplinados con los temas que tratamos, que somos aburridos y monótonos podrá decir alguien, pero somos bastante firmes en que, la asociación de químicas, con sus pocos medios, debe mantenerse en “sus temas” si no quiere dispersarse y perder eficacia.

Solamente nos permitimos un “off-topic”, uno nada más y es que, en tanto que somos parte de la sociedad vasca, de pueblo vasco, cada vez que un grupo terrorista mata y dice que lo hace en nuestro nombre, para liberarnos para mostrarnos el camino correcto que nosotros no somos capaces de ver, es como si bebiéramos ácido sulfúrico y no nos queda más remedio que gritar alto y claro, lo más fuerte que podemos, que no son nadie, que no nos representan y que nos dejen en paz de una vez.

Hace ya casi 10 años, durante aquella tregua de ETA de 1999, en un curso que asistí sobre el referencial de gestión de la calidad EFQM, uno de los presentes hizo una comparación, desde mi punto de vista desafortunada y, lo que es casi peor, equivocada.

Hablando de la importancia de la recopilación de datos y de la planificación de cada acción concreta, vino a decir algo así como: “ETA, por ejemplo, planifica muy bien todas sus actividades”... el solito, se había cargado el curso.

Comenzó un debate, educado pero firme, sobre el ejemplo en particular y sobre la determinación de objetivos y yo, particularmente, solamente le dije lo siguiente:

“Dejando a un lado las cuestiones morales, la repugnancia que cualquier persona normal y mentalmente sana siente cuando alguien mata intencionada y premeditadamente a un ser humano, sea por el motivo que sea, además ETA son una cuadrilla de estúpidos fanáticos. El ejemplo de la planificación que dices es ridículo porque, según dicen ellos mismos, no tienen como objetivo “matar gente” sino “liberar al pueblo vasco” y, por supuesto, ser ellos, los únicos iluminados por la verdad, la vanguardia de esa liberación. No son capaces de ver que con cada acto de violencia se alejan más del objetivo, que con cada asesinato, el “pueblo vasco” al que dicen representar, les desprecia más y más.

Si de verdad fueran capaces de planificar algo más que un crimen, dejarían las armas para siempre ahora mismo y reconocerían lo estúpidos y miopes que son y que no tienen ningún derecho a representar a nadie más que a ellos mismos. Que no son garantes de nada ni de nadie y que los vascos, cada uno de ellos, ya son responsables de sus propias decisiones y no necesitan de vanguardias revolucionarias, ni de iluminados “conocedores de la verdad”, ni de “supremos timoneles” ni de cualquier otro tipo de “guías fascistas”.



El pasado jueves, 30 de julio, dos agentes de la Guardia Civil, Carlos Sáenz de Tejada García, burgalés de 28 años, y Diego Salva de Lezaun, agente en prácticas natural de Pamplona de 27 años, fueron cobardemente asesinados en Mallorca.

ETA: ¡déjanos en paz!, no nos representas, no actuáis en nuestro nombre... no sois nadie.

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viernes, 19 de junio de 2009

Unos cobardes han matado a un hombre honrado


La sociedad vasca tiene un problema. O mejor: la sociedad vasca "tenemos" un problema.

La ideología social, el espíritu colectivo de los individuos que la forman, no son más que aspectos inmateriales, intangibles que desaparecerán con las personas que formamos esa sociedad, que no existen físicamente como tales, pero que condicionan absolutamente la convivencia, la propia vida, de cada miembro del colectivo.

Podríamos hablar de planos superpuestos o de una escalera, desde el más general y abstracto, como la religión organizada o el Derecho, la Ley, pasando por la moral social, la ética individual y, por último, en lo más íntimo y personal, los sentimientos, el amor, el cariño por tus hijos, la alegría, la tristeza, el orgullo, la fe religiosa o la compasión.

Todos esos conceptos abstractos, tan difíciles de explicar, tienen una característica común: no son más que convenciones sociales. Si la humanidad se extinguiera se extinguirían con ella la moral, el amor o la fe.

Esta mañana, unos cobardes han matado a un hombre honrado. Eso, ya de por sí condenable y terrible, lo hace más indignante cuando un porcentaje, pequeño pero no desdeñable de personas de una sociedad, no sólo no le importa, o lo tolera… es que todavía aplauden un acto tan despreciable como ese.

El asesinato (y su apología) es contrario a la religión, a la moral y al Derecho. El asesinato (y su apología) es contrario a la ética más elemental…. Y personalmente, el asesinato (y su apología) me producen sentimientos de rabia, indignación, vergüenza y desprecio.

Rabia por la cobardía de los asesinos, indignación por su estupidez, porque todavía piensan que sus actos tienen algún sentido, vergüenza porque todavía haya alguien que les apoye y desprecio por su fanatismo, por su incapacidad de escuchar a la inmensa mayoría del pueblo que dicen defender y que les ha dicho, miles de veces, en forma de miles de voces y medios: ETA ez / ETA no…. ETA kanpora!.

Hoy ha muerto un hombre honrado. Unos cobardes han matado a un hombre honrado.

jueves, 4 de diciembre de 2008

Si todos somos enemigos del pueblo vasco.... ¿quién es el pueblo vasco?


Me llama poderosamente la atención que todavía haya algún elemento de la denominada izquierda abertzale (toda una contradicción porque los términos “izquierda” y “nacionalista” no son compatibles....) que diga que luchan contra los “enemigos del pueblo vasco”.

Si los empresarios, los profesionales, la Ertzaintza, los del PP, los del PSOE, los del PNV, los de EA, todos aquellos concejales de cualquier partido que hayan sido elegidos en ayuntamientos donde no se han permitido las listas de ANV, los de UGT, los de CCOO..... los que estamos a favor del Tren de Alta Velocidad, los trabajadores que se ganan la vida en esa obra.... si todos somos enemigos del pueblo vasco..... ¿quién queda para ser “pueblo vasco”?

Inaxio Uria, 70 años, desarmado y sin ningún medio para defenderse, fue tiroteado ayer en Azpeitia cuando se dirigía a comer a un bar de la localidad. Su único delito, su condición de “enemigo del pueblo vasco” se la dio haber trabajado duramente toda su vida, haber creado riqueza y empleo, y haber dado la cara por su país y por su pueblo.

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